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Especial de Al-Andalus. Ibn al-Ahmar y el reino nazarí

Actualizado: 23 de ago de 2020

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


La última fragmentación socio-política de Al-Ándalus en 16 distintos taifas o reinos musulmanes, vio el ocaso de su predominancia hacia la primera mitad del siglo XIII, cuando las fuerzas de los reinos ibéricos cristianos conquistaban Garb al-Ándalus (Al-Ándalus occidental/ الغرب الأندلس) y penetraban cada vez más en Sharq al-Ándalus (Al-Ándalus oriental/ الأندلس شرق)


Ante un frente cristiano cada vez más consolidado y homogéneo, resaltan dos gobernantes musulmanes que no pudieron dejar sus diferencias a un lado, en tiempos que así lo demandaban, sus nombres eran: Muhammad ibn Nasr, mejor conocido como Ibn al-Ahmar, y Muhammad ibn Yúsuf ibn Hud, llamado históricamente como ibn Hud. Debido a las diversas derrotas sufridas por el emir de Murcia, Ibn Hud, y sus excesivos impuestos dirigidos a pagar un sinfín de treguas con Castilla, Aragón y demás reinos cristianos, Ibn al-Ahmar decidió levantarse en armas y expandir sus poderíos tomando Guadix, Baza y Jerez de la Frontera, proclamándose al poco tiempo también como emir, legitimándose por medio de obediencia al emir hafsí de Ifriqiya, actual Túnez y antigua Cartago, y reconociendo, a su vez, al califa abasí Abú Yafar al- Mustansir de Bagdad.


En 1233, Ibn al-Ahmar, debido a su reconocimiento al califa de Bagdad, se vio obligado a prestar obediencia a su enemigo Ibn Hud, quien desde Bagdad había recibido el nombramiento oficial de “emir de los musulmanes de todo al-Ándalus”. De igual modo, el poder y la influencia de al-Ahmar se vieron mermados, cuando tras sus ataques y maltratos hacia las ciudades de Sevilla y Córdoba, ambas urbes resultaron victoriosas y volcaron su fidelidad al emir de Murcia y de los musulmanes de al-Ándalus. Situación que duraría poco, pues en 1236 la historia le volvería a sonreír con la conquista de Córdoba por Fernando III de Castilla; llegando a una conveniente capitulación que le aseguraba al-Ahmar parte del tributo que la ciudad cordobesa debía de pagar, mostrando a su vez las alianzas estrechadas entre una taifa musulmana y un reino cristiano.


En 1238, el descontento y las inquietudes por los fracasos de Ibn Hud se extendieron por toda Al-Ándalus. Como resultado de ello, los habitantes de Granada se sublevaron y mataron al gobernador nombrado por Ibn Hud, orientando así su lealtad en favor de al-Ahmar, a quien pronto le enviaron una comisión para ofrecerle la sumisión de Granada y entregarle el poder. Con la muerte de Ibn Hud, al-Ahmar se había quedado sin rivales que le disputaran su autoridad en al-Ándalus, teniendo así camino abierto para adoptar el título honorífico de “emir de los musulmanes de todo al-Ándalus” y construir una dinastía propia que gobernara el reino nazarí de Granada.


Al gobernar desde Granada, al-Ahmar aseguró para él y su descendencia, una tierra fértil de ricos recursos agrícolas y mineros, que por su posición volcada al Mediterráneo era también un punto comercial relevante para demás reinos europeos y africanos. Sin embargo, por ello mismo, el reino nazarí tuvo que coexistir durante 260 años en un difícil equilibrio entre los reinos cristianos al norte y los reinos musulmanes del norte de África.



Del siglo XIV al XV, varios reinos vecinos, incluyendo Castilla, sufrieron de conflictos y debilitamientos internos que permitieron un tiempo de estabilidad y esplendor para el reino nazarí. No obstante, hacia finales del siglo XV, dos facciones nazarís se enfrentaron entre sí por el poder, un conflicto que los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, aprovecharon a su favor. Por medio de una tregua firmada con uno de los líderes nazarís, Muhammad XII Boabil, Castilla y Aragón aseguraron la fidelidad de una de las facciones, lo que al final no solo dictó el destino de la guerra civil sino también, con un reino nazarí debilitado y divido, la capitulación y la entrega del último reino musulmán de al-Ándalus: el reino nazarí de Granada.


Durante 8 siglos de monarquías musulmanas en la península ibérica, los líderes musulmanes buscaron no solo alianzas entre ellos para dominar al-Ándalus, sino también con otros reinos del norte peninsular y del norte de África, que los encaminaron hacia su propia derrota. ¿Cuántas veces en la historia las ambiciones por poder han nublado a nuestros gobernantes? ¿A caso nuestras ambiciones albergan bondad en ellas? ¿Qué es lo que verdaderamente motiva nuestras propias ambiciones?

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