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La maldición de Agadé

Actualizado: 13 jun 2023

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Relieve en el que Ashurbanipal mata a un león (645-635 a.C.)


Cuando el rey Ashurbanipal de Asiria reunió su famosa biblioteca de Nínive en el siglo VII a. C., ordenó que le trajeran todas las obras escritas que se podían encontrar en su imperio; resaltando, entre ellas, las antiguas historias de los reyes acadios. Relatos cuasi-históricos, que se remontan milenios para describirnos un tiempo en el que reyes ambiciosos y dioses orgullosos se enfrentaban en luchas campales que definían el destino de pueblos enteros. Tal y como se menciona en “La maldición de Agadé”, un poema que nos cuenta un épico choque de voluntades entre el rey acadio Naram-Sin (r. 2261-2224 a. C.) y el dios Enlil, mejor conocido como el "Señor de la tormenta". Sin duda, una odisea a la que solo podían embarcarse valientes o insensatos cegados por la gloria.



Naram-Sin, el poderoso rey acadio, había construido un templo en la ciudad sagrada de Nippur, dedicado a su propia divinidad, esto en un intento de igualar a los dioses en gloria y potestad. Pero los dioses no toleraron esa presunción. Con la intención de comunicarle una clara advertencia por su impiedad, los dioses indujeron un sueño en el ambicioso rey de los acadios, donde pudo ver el sombrío futuro que les esperaba a sus dominios. En un esfuerzo por revertir el mal augurio, Naram-Sin impuso un período de luto y oración; un período de penitencia que se prolongó durante siete años en espera de una señal que le indicara cómo cambiar el destino fatal que vio en sueños. ¿La respuesta? Un silencio divino, aunque sepulcral. La impaciencia se apoderó del rey de los acadios, y en un arrebato pensó:



“Si los dioses no acuden a responderme, les obligaré a hacerlo.”



La insensatez había comenzado. Naram-Sin reunió a su ejército y dirigió la destrucción de Ekur, el templo y “casa real” del dios Enlil, patrono de Nippur y dios supremo de la mitología mesopotámica. La irrupción violenta en este lugar sagrado fue un sacrilegio demasiado grande para pasar inadvertido. De pronto, la ira se desató en el panteón mesopotámico y los dioses se alinearon con Enlil; una maldición se abalanzó sobre toda Acadia, pero el poema cuneiforme escrito en antiquísima arcilla resalta la desolación de la ciudad de Agadé. Una urbe que fue azotada por la hambruna y la invasión de los gutianos, un pueblo salvaje del que solo sabemos lo que una pocas líneas del pasado pueden revelarnos:



“Enlil sacó de las montañas a aquellos que no se parecen a otros pueblos, que no se consideran parte de la Tierra, los gutianos, un pueblo desenfrenado, con inteligencia humana, pero con instintos caninos y rasgos de mono.”


Estela de la victoria de Naram-Sin / Tablilla cuneiforme que narra "La Maldición de Agade"


Sobreviviendo la prueba del tiempo, “La maldición de Agadé” ha pasado a la historia como un ejemplo de la arrogancia humana y la ira divina. Un poema legendario que nos recuerda cómo incluso los más poderosos pueden caer si desafían la voluntad divina.



Y tú ¿crees que el mundo contemporáneo aún considera la voluntad de Dios antes de actuar? O al menos ¿existe una orientación ética o moral que guíe nuestras decisiones al Sumo Bien?


Mapa del Imperio Acadio (marrón)




 


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Fuentes:

Imágenes:





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