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Las playas olvidadas

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy traigo para ti los poco restos de una civilización enorme. Una que es poco conocida, pero que se codeó con los grandes imperios.


Tambor suajili, Kenia, siglo XVII


Tradicionalmente la historia del arte se presenta como una sucesión de estilos, con fuentes determinadas, trayectorias claras y nomenclatura precisa, pero dentro de otras muchas narrativas entran algunas que no responden a esas reglas. Una de ellas es la historia del arte suajili.



Desde el 1000 al 1500 varias ciudades-estado de la costa oriental africana, llamadas Zanguebar, participaron en una importante red de comercio internacional alrededor del Océano Índico. Se extendían desde Mogadiscio en la actual Somalia hasta Sofala en la actual Mozambique. Uno de los primeros registros de la importancia de la región se encuentra en una guía de comerciantes griegos del siglo I. Esta obra, llamada «Periplo del mar Eritreo», describe la riqueza de marfil, la basta cantidad de cuernos de rinoceronte, la variedad de caparazones de tortuga y el acervo de aceite de palma disponible para comercio en esas costas suajili.


Mapa de ciudades-estado suajili


Estos pueblos costeros tuvieron conexiones con el imperio romano y bizantino, pero fue hasta el siglo VIII, cuando comerciantes árabes musulmanes llegaron a establecerse, que comenzó a darse realmente una integración entre estos puertos comerciales. Con la conversión al islam, la costa suajili se incluyó en una cultura mucho mayor, con leyes y conductas claras dictadas por el Corán, y que permitía a personas de distintas proveniencias interactuar sobre un territorio común. Estas ciudades eran sultanatos independientes que compartían un idioma común, el suajili, y una religión, el islam. Una cultura y un idioma común hacían posible el intercambio de mercancías entre distintos pueblos, desde aquellos en el interior de África hasta los llegados en barco con los vientos del monzón.


Durante el siglo XI, y hasta el XV, mientras la Europa medieval combatía contra sí misma para formar una identidad, la costa suajili estaba en su cénit como centro de actividad comercial y cultural ineludible para cualquier comerciante proveniente de Medio Oriente, la India, el sureste asiático, o incluso China. El comercio en el Océano Indico muchas veces se pasa por alto, pero mientras en otras regiones se luchaba contra el distinto, en estas costas se compraban productos salidos del corazón de África con plata proveniente de China. Su importancia es innegable.


Comercio Transíndico



El cambio, como siempre, se dio con el tiempo. A partir del siglo XVI, el dominio portugués y holandés del comercio en el Océano Índico condujo al declive de la ciudades estado africanas. La competencia se daba a nivel internacional, no era cuestión de razas, el único motor era el interés y el poder. La falta de un sistema político integrado fue lo que hizo que las ciudades-estado no estuvieran preparadas para responder militarmente a la llegada de estos nuevos comerciantes escoltados por soldados. Además, el crecimiento de poderosos estados del interior como Buganda redujo la influencia comercial de las ciudades costeras.



El comercio marítimo fue tanto raíz como guadaña para los pueblos suajili. Por eso su arte es distinto a lo habitual en otras civilizaciones —como las surgidas alrededor de ríos en donde la agricultura influyó a la estabilidad y permanencia—. Tenemos pocos vestigios físicos de la cultura de Zanguebar. La madera se pudrió en el ambiente salado; la piedra, difícil de transportar por barco, no se favoreció para la escultura; la metalurgia se fundió y recicló con afanes comerciales; y la mayor parte del trabajo artístico, al haber tenido un enfoque utilitario o comercial, no se ciñe a las reglas canónicas de la historia del arte. Lo que nos ha llegado como arte suajili de la época es producto de una encrucijada cosmopolita, en donde la estética musulmana se mezcló con la bantú y en la que su objetivo era el trueque, no la conservación.


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A partir de aquí surgen distintas preguntas: ¿por qué está tan poco extendida la noción de un comercio boyante en el oeste africano? ¿Podría ser la causa la falta de vestigios artísticos o arqueológicos que, aunque los haya, son pocos y limitados geográficamente a los museos de las actuales naciones africanas que ocupan el territorio Zanguebar? ¿Un objetivo meramente comercial puede dañar la preservación de una cultura? Al final, parece que no es irrelevante proteger la cultura, sino que es una obligación para la trascendencia como humanidad.



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Fuentes:






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