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Marina Abramović y «Rhythm 0»

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy traigo para ti algo que sale de la regla general de Compass. Guiándote por la Historia. Te recomiendo discreción y una mente abierta para reconocer la monstruosidad humana.


«Rhythm 0» - Marina Abramović

 

Marina Abramović es una artista serbia dedicada al arte del performance. Inicio su carrera en la década de 1970, durante la cual realizó quizás su obra más inquietante e importante de todas: «Rhythm 0».

 


Por medio de este performance, en 1974, dentro del Estudio Morra de Nápoles, decidió explorar los conceptos de poder, autoría y audiencia para comprender el paradigma del individuo contra la sociedad. «Rhythm 0» duró seis horas; las más aterradoras de su vida. Todo inició con una petición por escrito a la audiencia visitante:



«Hay 72 objetos sobre la mesa que puede usar conmigo como desee. Performance: yo soy el objeto.

Durante este período asumo toda la responsabilidad»

 


Le estaba pidiendo a la audiencia usar como quisiera contra ella setenta y dos objetos desplegados sobre una mesa larga que ella clasificó como de dolor, placer o muerte. Con estas herramientas se dejó a merced del público facultado a tomar cualquier decisión sin consecuencias legales. Sobre el mantel había flores, espejos, cepillos, plumas y medallas, pero también cuchillos, martillos y alambres. En medio de todo: una pistola descargada y junto una bala.



Marina permaneció inmóvil durante las seis horas pactadas, sin hacer un solo movimiento voluntario. Al principio, los visitantes fueron amables, le dieron una flor, la acariciaron con una pluma o le dieron un beso. Pronto comenzaron a dudar de su compromiso y empezaron a sostenerle los brazos en el aire para ver si resistía. Lo hizo. Alguien dio un paso más y la tocó íntimamente. No respondió ni reaccionó. Para la tercera hora ya le habían quitado parte de la ropa con cuchillas. A la cuarta, los filos comenzaron a cortar su piel. A partir de ahí le desencadenaron un infierno. Aunque un grupo de la multitud se formó para protegerla, los superaron en número quienes continuaron lastimándola con pinzas, navajas y clavos. En el punto más crítico alguien cargó la pistola, se la puso a Marina contra la cien y la hizo poner su propio dedo en el gatillo. A partir de ahí las historias se contradicen: unas dicen que un guardia tomó el arma y la arrojó por una ventana, otras que simplemente alguien se la arrebató y desapareció con ella durante una pelea entre las facciones de la audiencia. Finalmente, alguien de la galería frenó todo anunciando que habían pasado las seis horas y que el performance había terminado. Marina recuperó su conciencia y con lágrimas en los ojos y sangre escurriéndole sobre el cuerpo caminó hacia el público. Todos salieron corriendo abrazados por el remordimiento. Si bien Abramović les había dado control total, la violencia a la que se ladeó la audiencia salió de toda proporción al ver que ella no ponía límites y que estaban protegidos en el anonimato de una turba cada vez más descontrolada. Cuando Abramović fue a su habitación de hotel tras el performance se miró en el espejo y vio que una sección de su cabellera se había vuelto blanca. Aún tiene cicatrices de «Rhythm 0» y le llevó años superar el miedo.





 

La pregunta sigue siendo por qué el público hizo cosas que no haría en su vida cotidiana.  Al dejar el resultado en manos de la audiencia, Abramović hizo que los espectadores fueran responsables de la pieza y no el artista. Aunque la mayoría seguramente consideró sus acciones inmorales —por decir poco—, los acontecimientos estuvieron determinados por las dinámicas de la psicología de grupo. Al igual que los criminales de guerra, los individuos agresivos pudieron actuar sin repercusiones y dejar sueltos sus peores instintos porque el conjunto acordó que no los harían responsables de las consecuencias. El control social y la dinámica de grupo permitió que la civilización se olvidara ante el frenesí de la sangre y el dolor ajeno.

 


La acción colectiva y la responsabilidad personal son temas que toca el arte, desde el cine y literatura, hasta la danza y las artes escénicas. Se habla de ello porque forman la base de una sociedad justa, compasiva y libre. «Rhythm 0» metió el dedo en la llaga de la civilización, demostrando que la masa consume sin miramiento de las consecuencias. Muchas veces ese es el papel de un buen artista, señalar aquello que no queremos reconocer. Debe ser portador de un mensaje crítico que no se conforme con la voluntad de la mayoría, sino que se aproxime a la honestidad. Vivimos en un mundo en el que las ideologías y su viralización en redes sociales deforman esta pulsión generando actores que sólo responden a los vaivenes del clamor popular. Lejos de poco original es peligroso, puesto que los pensadores honestos son replegados al anonimato por un algoritmo de popularidad. De ahí la importancia de salir de la tenaza de las ideologías populares, de buscar nuestra personalidad real alejándonos del pendular del mercado y su masa que consume hasta dejarnos en los huesos. Reconocer qué lado de la mesa de «Rhythm 0» queremos elegir.

 


¿Qué otro significado le encuentras a «Rhythm 0»? ¿Qué más crees que quiera decir de nosotros un performance tan cruel?

 


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Recuerda que la cultura es una cadena que debes proteger y a la que debes sumar. Por favor no la rompas por apatía.

 




 


 

Aprende más:

Nuestro libro recomendado es - Marina Abramović, performer: La vanguardia artística en un contexto marcado por la sociedad de consumo por Julieta Halac Descúbrelo en: https://amzn.to/3IsTSvT

 

Fuentes:

Artfilemagazine. 2022. “Rhythm 0” – A Look at Marina Abramović’s Performance Art. 21 de octubre. Último acceso: 29 de mayo de 2023. https://artfilemagazine.com/rhythm-0/

Graf, Stefanie. 2022. Rhythm 0: A Scandalous Performance by Marina Abramović. 29 de junio. Último acceso: 29 de mayo de 2023. https://www.thecollector.com/rhythm-0-by-marina-abramovic/

 

 



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