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¿Revolución o evolución?

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy traigo para ti una adivinanza: ¿Qué pueden tener en común un sueco, un estadounidense y un español del siglo XIX? La respuesta: un amigo que nació más de doscientos cincuenta años antes que ellos.


«Virginia Bacon» – Anders Zorn


En 1897 el magnate ferroviario Edward Rathbone Bacon le pidió a Anders Zorn que retratara a su cuñada Virginia mejor de lo que el pintor John Singer Sargent lo había hecho en un retrato para la familia de ella, los Vanderbilt. Un duelo de artistas para entretenimiento y gloria de dos de las familias más acaudaladas de Estados Unidos. El resultado de Zorn se mostró en el Salón de París de ese año y el mismo Sargent fue a verlo. Ahí él admitió que había ganado con «una victoria brillante» —al menos según las memorias de Zorn—.


Comparado con el renombre actual de Sargent, el nombre Anders Zorn es menos familiar, pero el sueco no tenía razones para sentirse de segunda categoría. Conocido al principio por ser un acuarelista excepcional, comenzó a recibir encargos de la alta sociedad sueca. Esta demanda sólo creció cuando tomó el óleo. Los miembros de la élite internacional clamaban por sus retratos, cautivados por su capacidad de capturar semejanzas y —más importante— la personalidad. Sin entrar en detalles, frente a él posaron el rey Óscar II de Suecia y la reina Sofía, así como los presidentes de Estados Unidos Taft, Cleveland y Theodore Roosevelt. Modelos nada despreciables. Y algo parecido le sucedía a Sargent. Ambos retrataban a discreción y sin el menor empacho de encimarse. Se podían dar el lujo; había socialités para ambos.


« John D. Rockefeller» – Sargent


Fascinando por la luz, Zorn también dedicó gran parte de su obra a explorar la figura femenina en un entorno acuático, así como a hacer paisajes con contrastes de luz innovadores. Con estas novedades fue parte del grupo de pintores escandinavos que irrumpió la tradición pictórica durante la exposición Universal de París de 1889 con una nueva forma de entender el paisaje. Ahí lo descubrió Joaquín Sorolla, pero le tomó once años conocerlo. Tras ese encuentro su pintura cambió radicalmente, pues su estilo mediterráneo para pintar luz y agua en movimiento lo enriqueció con el estilo escandinavo de Zorn.


«Vista desde el muelle de Ship Island» – Zorn / «Tres barcos en la orilla» - Sorolla



Hasta este punto ya conocemos a nuestros tres personajes. Tres maestros que lideraron la evolución que tuvo la pintura realista de finales del siglo XIX y la llevaron al siglo XX. Estos tres virtuosos figuran entre los más grandes: el estadounidense John Singer Sargent, el español Joaquín Sorolla, y el sueco Anders Zorn. Balanceándose entre el impresionismo y el realismo, al primero le dieron carácter y fuerza, mientras que al segundo personalidad y dinamismo. Con su toque personal, cada uno mezcló la espontaneidad de la técnica alla prima —es decir, dar pinceladas sobre el lienzo sin un boceto inicial— y el análisis visual de la luz para retratar una sensación, un ambiente o una personalidad. Así estos tres llevaron al retrato y al naturalismo —no la naturaleza, sino una interpretación certera de la realidad— a niveles de profundidad nuevos. Pero, como bien dice la premisa de este artículo, no lo hicieron solos, sino con la herencia de un gigante.


Los tres —amigos, por cierto—, estudiaron a profundidad la obra de Velázquez y en sus pinturas se pueden ver ecos del maestro. Reinterpretaron su uso del color, la pincelada pequeña y exacta, así como la reinterpretación del espacio pictórico que prolonga el cuadro hacia el espectador. Entre estos tres pintores trajeron a su tiempo la inmediatez, la cotidianidad y la verosimilitud característica de la pintura de Velázquez. Un verdadero ejemplo de aprendizaje y reinterpretación personal del pasado para bien del periodo en el cual vivieron. Estos tres maestros fueron los últimos del gran apogeo realista; fundamental para entender la Historia del Arte. Incluso su influencia hoy se rescata con entusiasmo por afirmar algo universalmente entendido: la condición humana. Algo que agrandaron con la recuperación del pasado y enriquecieron con su estilo personal.

«Las meninas» – Velázquez / «Las hijas de Edward Darley Boit» - Sargent /

«Familia Eratruriz» - Sorolla



Reconsiderar esto no es menor. Toda esta reapreciación histórica ha cambiado bastante desde mediados del siglos XX. Los movimientos de arte moderno, como el cubismo y el expresionismo abstracto, rompieron los lazos con el pasado, y descartaron las obras de los maestros históricos. Aunque en su momento fue bienvenido, incluso necesario, hoy tiene un efecto que se cierne peligrosamente sobre la actualidad a causa del revisionismo ético descontextualizado y contaminado por la política. Por suerte existe otra facción, la que en las últimas décadas ha revalorizado los aportes de estos maestros. El realismo ha ganado una nueva y seria consideración por parte de académicos, curadores, museos, galerías y, lo más valioso de todo, en innumerables artistas que han hecho con Sorolla, Singer y Zorn lo que ellos mismos hicieron con Velázquez: un resurgimiento contextualizado para beneficio del presente y resguardo para el futuro.



¿Qué opinas de lo que hicieron estos tres artistas? ¿Conoces otros pintores que hayan recuperado lo que alguna vez se creyó perdido? ¿Cuál crees que sea el valor de la conservación para evolucionar en lugar de la destrucción para revolucionar?



Muchas gracias por leer, pues en estos tiempos es un acto de recuperación y revalorización. Si crees que este artículo tiene algo de valor anímate a compartirlo en tus redes sociales. ¡Es importante! Gracias a ti alguien se verá beneficiado. Recuerda que la cultura es una cadena que debemos proteger y a la que debemos sumar. Por favor no la rompas por apatía.


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Aprende más:

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Fuentes:



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