Un hombre que creyó en la paz

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

[Imagen 1] Leo Amery /[Imagen 2]Arthur Balfour /

[Imagen 3] Jane Corbin / [Imagen 4] Declaración Balfour


Una hoja, 67 palabras y una firma, fueron los elementos suficientes para transformar el destino de Medio Oriente por siempre. Reino Unido se encontraba inmerso en la Primera Guerra Mundial y su ministro de Asuntos Exteriores, Arthur Balfour, percibió una oportunidad para ganar el favor de las comunidades judías británicas y estadounidenses: plasmar en una carta el apoyo real para fundar Israel entre población palestina. Los israelíes consideran el documento de Balfour su piedra fundacional, mientras que los palestinos un acto de traición, allí comienza el tan eterno conflicto. No obstante, contra todo pronóstico, detrás de tinta y letras añejas se oculta un hombre que creía en la paz.



Desde antes de iniciar la Gran Guerra, el Imperio Otomano tenía sus días contados. Con revueltas por doquier, deudas impagables, un gobierno en bancarrota, y un ejército debilitado, los ingleses y franceses vieron un escenario ideal para negociar la partición de su próxima conquista. Por medio de los acuerdos secretos de Sykes-Picot, Francia y Gran Bretaña obtuvieron sus preciados mandatos en el Creciente Fértil, resaltando entre ellos el Mandato Británico de Palestina.



Con aún “castillos en el aire”, Arthur Balfour decidió acercarse al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para intentar ganar el favor de la facción sionista presente en el Parlamento británico, así como tal vez conseguir un apoyo en los Estados Unidos entre su población judía. La aproximación fue epistolar y su mensaje de lo más trascendental. La carta decía:



Estimado Lord Rothschild.


Tengo gran placer en enviarle a usted, en nombre del gobierno de su Majestad, la siguiente declaración de apoyo a las aspiraciones de los judíos sionistas que ha sido remitida al gabinete y aprobada por el mismo.

'El gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo […]



Hasta allí, la Declaración Balfour, como mejor se conoce al documento, parecía contemplar solo a los judíos. Sin embargo, las teclas de la vieja máquina de escribir que dio vida al mensaje, pronto sintieron el peso de unos dedos convencidos en la paz israelí-palestina. Leo Amery, a sus 44 años de edad y en el cénit de su vida política, le fue solicitado, a petición de Lord Milner, miembro del gabinete del Primer Ministro David Lloyd George, volver a redactar la carta dirigida a Lord Rothschild. Fue este personaje, oculto tras la firma de Balfour, quien agregó su convicción en la convivencia pacífica diciendo:



[…] para facilitar el logro de este objetivo, quedando claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político que disfrutan los judíos en cualquier otro país'.


Estaré agradecido si usted hace esta declaración del conocimiento de la Federación Sionista.

Arthur Balfour


Tras la victoria definitiva de las naciones aliadas, la partición de Medio Oriente como planeado en Sykes-Picot, la fundación del Mandato Británico de Palestina y después de publicar la declaración Balfour, todo marchó viento en popa para la migración judía a su “Tierra Prometida”; aunque el hecho pronto fue percibido como una amenaza por la población palestina y los británicos tuvieron que hacer frente a la situación intentando conservar el orden público. Cien años después, la periodista Jane Corbin de la BBC, familiar de Leo Amery, leería en el diario de Leo la amarga decepción que el “triunfo de la violencia” había provocado en el político inglés.



Mientras la violencia prosiguió durante treinta años, Reino Unido buscó librarse del problema de Palestina abandonando la zona a su suerte en la década de 1940. Ante esto, Leo se vio obligado a aceptar la inevitable división territorial que pendía sobre el destino de “Tierra Santa”; no obstante, él trabajó en su propia solución, según Jane descubrió en un archivo de Jerusalén. En el 2017, la periodista británica halló que Leo había trabajado un esquema para dividir Palestina entre un Estado judío y otro árabe. En 1946, en un rojo y azul deslucidos, Leo Amery había trazado, nada más y nada menos, que la aproximación más cercana a la propuesta que la ONU publicó en 1947 para resolver el conflicto. Leo sabía de lo que hablaba y las Naciones Unidas siguieron sus pasos, pero los bandos interesados se negaron a aceptar un Estado para los judíos y otro para los palestinos, desatándose años de guerra que alcanzan nuestros días.


[Imagen 1] Solución Amery /

[Imagen 2] Plan de las Naciones Unidas para la partición de Palestina (1947)


Leo siempre pensó que la violencia en “Tierra Santa” podía ser evitable, incluso propuso una solución desde sus mejores intenciones, a la que buscó darle continuidad, a sus 76 años de edad, visitando al primer presidente de Jerusalén, según Jane pudo constatar en sus investigaciones. Gracias a una relación familiar y al deseo por descubrir la verdad, es hoy que esta historia puede salir del pasado a la luz del presente; sin embargo, la siguiente pregunta será ¿es del interés de israelíes y palestinos recobrar la nobleza de sus intenciones en arás de enontrar la paz? ¿qué opinas tú?


 

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