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Humos de opio y pólvora – La Segunda Guerra del Opio

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Segunda Guerra del Opio: funcionarios chinos derriban

la bandera británica en el barco Arrow, Artista desconocido.


La Segunda Guerra del Opio es un capítulo turbulento de la historia que revela el choque de civilizaciones y el conflicto por el poder en el siglo XIX. Sucedió en un tiempo de auge y ambición imperialista occidental, donde el principal objetivo era la expansión en mercados exteriores al costo que fuera. La Primera Guerra del Opio fue el preludio de este segundo enfrentamiento y concluyó con una victoria británica en 1842 sellada con la firma del Tratado de Nanjing; sin embargo, en un esfuerzo por ampliar sus privilegios en China, Gran Bretaña exigió que la dinastía Qing renegociara el tratado para conseguir la apertura de toda China a las empresas comerciales británicas, la exención de las importaciones extranjeras de derechos de tránsito al interior del territorio chino y, como era de esperar, la legalización total del comercio del opio. Los humos de opio y pólvora volvían a nublar al «reino del centro».

 


En octubre de 1856, un barco británico llamado Arrow, anteriormente utilizado por piratas, fue detenido frente a Cantón bajo sospecha de piratería. Doce de sus catorce tripulantes fueron arrestados, lo cual obligó al cónsul británico en Cantón, Harry Parkes, a exigir su pronta liberación al comisionado imperial de lo Qing, Ye Mingchen. Desafortunadamente, el comisionado chino liberó solo a nueve, pero la astucia británica supo aprovechar el incidente para virar la fortuna a favor de los intereses de Londres; en otras palabras, Ye Mingchen dio a Gran Bretaña la excusa perfecta para invadir Cantón. Era claro que la «desamparada» soberanía británica se veía «violentada» al estar reducida en tres prisioneros hambrientos y descuidados en China, o al menos así convenía verlo en aras de obtener una jugosa tajada mercantil de todo esto.

 


Las fuerzas británicas comenzaron a reunirse en Hong Kong y, como abejas seducidas por un tarro de miel, los franceses se les unieron para sacar provecho de esta auténtica oportunidad político-económica. Fue así que se le entregó un ultimátum a Ye Mingchen para advertirle de un bombardeo sobre Cantón si los hombres restantes del Arrow no eran liberados en 24 horas. Por un lado, la sensatez de Mingchen se vio reflejada en la liberación de los prisioneros, aunque por el otro, su ingenuidad se demostró en la captura de la ciudad aun habiendo cumplido con las exigencias británicas. Tras el ataque a Cantón, Ye Mingchen fue capturado y exiliado por los ingleses a India, entonces colonia de Gran Bretaña.


Captura de Ye Mingchen por el ejército británico, en 1858. La Segunda Guerra del Opio.

Ilustración para The Illustrated Times, 20 de marzo de 1858.


Con Cantón bajo su control, los británicos buscaron seguir aprovechando el conflicto para adquirir más beneficios. Esto hizo que la Segunda Guerra del Opio continuara desenvolviéndose y provocó que las mieles de la ambición que una vez sedujeron a los franceses y británicos, pronto sedujeran a rusos y estadounidenses por igual.


Sistema hidrográfico del río Hai con Tianjin señalado.


 Golfo de Bohai y mar Amarillo, con Tianjin señalado



En 1858, la flota aliada de Francia y Gran Bretaña llegó a las costas de Tianjin para asediar la zona; un acto que presionó hacia las primeras negociaciones de paz y que también fueron aprovechadas por Rusia y los Estados Unidos. La serie de acuerdos negociados permitieron la apertura de otros 11 puertos al comercio con Occidente, el derecho de todos los buques extranjeros a navegar libremente por el río Yangtze, así como el establecimiento de representaciones permanentes (embajadas) en Beijing. No obstante, aquello no satisfizo la ambición de las potencias occidentales. En 1859, mientras los británicos y franceses llevaban en barco a sus respectivos embajadores para presentarlos ante la corte imperial de los Qing, la flota que escoltaba a ambos diplomáticos fue detenida frente a los fuertes de Taku (Tanngu), impidiéndoles el acceso al río Hai, el cual fluye a través de Beijing y Tianjin para concluir desembocando en el golfo de Bohai, dentro del mar Amarillo. Su ruta a la capital de los Qing había sido bloqueada.

 


Franceses y británicos agotaron las negociaciones y asediaron los fuertes de Taku sin piedad alguna. Uno a uno los fuertes cayeron, abriendo el camino hacia Beijing. El 18 de septiembre de 1860, las fuerzas anglo-francesas se enfrentaron a la caballería china en la batalla de Zhangjiawan antes de conseguir avanzar hacia las afueras de Beijing para una batalla decisiva en Tongzhou (un distrito de los 16 actuales que componen Beijing). Dos días más tarde, el 21 de septiembre, sobre el «Puente de las Ocho Millas», 10,000 soldados chinos, incluida la caballería de élite mongola, fueron aniquilados por el intenso poder de fuego anglo-francés. Fue inevitable, el ejército franco llegó al Palacio de Verano en las afueras de Beijing el 6 de octubre y, pisándoles los talones, los británicos consiguieron llegar un día después. Aquello significó el último clavo en el ataúd de la esperanza china.

 

«Puente de las Ocho Millas» en la noche de la batalla.


Imagen actual del «Puente de las Ocho Millas»


Una vez que la capital de los Qing fue invadida, la dinastía imperial no tuvo otra opción que negociar otra serie de los históricamente llamados «tratados desiguales» por las condiciones de desventaja con las que China tuvo que acceder a las exigencias comerciales de Occidente. Los acuerdos resultantes de la Convención de Beijing fueron firmados por China, Francia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos, estos últimos viéndose nuevamente beneficiados sin haber asumido riesgo alguno en el campo de batalla. Tras la Convención, Gran Bretaña consiguió más territorio en y alrededor Hong Kong, mientras que el zar de Rusia, Alejandro II Rómanov, consiguió territorios de Manchuria Exterior. Ahora bien, durante esta Segunda Guerra del Opio, aún si el narcótico fue un elemento más de trasfondo en el conflicto, ciertamente la victoria occidental trajo como ganancia colateral la reapertura y ampliación comercial de esta droga a lo largo del «reino del centro», ahondando aún más la herida que la adicción al opio provocó en la memoria colectiva china.

 


¿Será la adicción al fentanilo que sufre actualmente Occidente, y que además proviene de China, el resultado irónico de una deuda histórica? o más bien ¿cabrá pensar que forma parte de una acción consiente china en su lucha hegemónica contra Estados Unidos? Al final, una población enviciada, no puede ser productiva ni tampoco un digno competidor.



 


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Fuentes:

Hanes, W. Travis; Sanello, Frank (2004). Opium Wars: The Addiction of One Empire and the Corruption of Another. Sourcebooks. https://books.google.com.mx/books?id=j_NeegcOBWUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false 

 

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