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Humos de opio y pólvora – La Primera Guerra del Opio

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


El vapor Nemesis de la Compañía de las Indias Orientales (al fondo a la derecha) destruyendo juncos de guerra durante la Segunda Batalla de Chuenpi, el 7 de enero de 1841 - E. Duncan (1843)


En el siglo XIX, un obscuro capítulo de la historia se desarrolló en las brumosas costas de China: la Primera Guerra del Opio. Más que un simple conflicto armado, este episodio fue un choque de intereses económicos, culturales y morales entre naciones. Desde las opulentas cortes imperiales de China hasta los bulliciosos puertos comerciales británicos, el enfrentamiento por el control del lucrativo comercio del opio desató una vorágine de violencia y diplomacia que dejó una profunda cicatriz en la historia del pueblo chino; un hecho que aún resuena en las desgarradoras consecuencias actuales del comercio desmedido de narcóticos.



El Imperio español conquistó las Filipinas en 1565, y gracias a que Galeón de Manila llevaba plata de las Américas a este remoto archipiélago, fue que las rutas asiáticas comenzaron a robustecerse y a nutrirse de valor comercial; pero más aún cuando la lejana China solo aceptaba lingotes de plata como divisa para el intercambio de sus bienes. Con el tiempo, la compra-venta que se celebraba en esta región del mundo despertó los sentidos capitalistas de Londres, y fue hacia el año de 1635 que se divisaron las primeras Unión Jacks ondeando en bancos británicos frente a los dominios de la dinastía Ming (1368- 1644), y más tarde de la última dinastía china, los Qing (1636-1912).

 


Fue hacia el año 1680 que la dinastía Qing relajó sus restricciones comerciales y se abrió al comercio con demás naciones occidentales bajo el llamado «Sistema de Cantón». Es decir, para entablar relaciones comerciales de manera ordenada con Occidente, los Qing hicieron relucir su auténtica prudencia asiática concentrando el comercio con occidentales en la ciudad de Cantón (actual Guangzhou)fuera de aquella ciudad, el comercio entre occidentales y chinos estaba prohibido, y dentro de la ciudad los europeos y americanos solo podían comerciar con el gremio mercader de los Cohong. En otras palabras, cada nación occidental poseía una base comercial dentro de Cantón llamada factoría (existieron 13 factorías) y los Cohong servían como intermediarios entre los bienes chinos y la plata de los extranjeros. Todo parecía ir viento en popa, hasta que la moral británica fue nublada por el humo del opio.


Imagen 1: Vista del distrito de las trece factorías de Cantón en 1830 /

Imagen 2: Venta de mercancías inglesas en Guangzhou (Cantón), China, 1858.


El opio era un ingrediente medicinal en China desde la dinastía Tang (618-907), pero su uso recreacional siempre estuvo limitado, hasta que en el siglo XVIII los británicos inundaron el mercado. La producción del opio británico provenía de Bengala y de las planicies aledañas al río Ganges, ambos pertenecientes a la industria opioide que la Compañía Británica de las Indias Orientales heredó del fallido Imperio Mogol. En un principio, gracias a que los Qing aplicaron un impuesto sobre el consumo del opio, la droga británica fue tolerada. Sin embargo, la legalidad de la que disfrutaban los productores y consumidores de este narcótico natural pronto terminó. A través de la factoría británica en Cantón, el opio llegó a las manos de millones (13.5 millones) y afectó la estabilidad social, pues su consumo no conocía de diferencias sociales. Para muchos, lo que empezó como un uso meramente recreacional, pronto se volvió en una aterradora adicción. El placer que provocaba fumar opio era adictivo y el consumo masivo; al poco tiempo, se abrieron «Casas de Opio», donde las personas inhibían sus sentidos, vivían inmersas en un lugar que mezclaba sueño, vicios y alucinación, y los dolores que provocaba la abstinencia los hacían volver al mismo punto de esclavitud. Los problemas que aquello acarreó, sobre todo en la vida productiva y la armonía social del imperio, obligaron a los Qing a prohibir el consumo del opio en 1796. Súbitamente colapsó uno de los negocios más rentables de la Compañía Británica de las Indias Orientales y, en consecuencia, los tambores de guerra no se hicieron esperar.

 

Ilustración de una «Casa de Opio» en Beijing, siglo XIX.


Por un tiempo, los británicos intentaron darle la vuelta a la prohibición cambiando su punto de distribución; es decir, en lugar de usar su factoría en Cantón, utilizaron barcos como almacenes flotantes en el mar de China. La idea era que los barcos de la Compañía descargaran allí el opio para que después los traficantes chinos lo compraran en altamar y volvieran a tierra para venderlo en el mercado negro. Sin embargo, aquello no detuvo al emperador Daoguang, y éste asignó al funcionario Lin Zexu como el comisionado a cargo de la lucha. El trabajo de Lin fue tan notorio, que aún se recuerda su carta a la Reina Victoria (1839), en la cual sostenía que China proporcionaba a Gran Bretaña productos valiosos como té, porcelana, especias y seda, pero que a cambio Gran Bretaña sólo enviaba «veneno» (opio). Acusando a los comerciantes británicos de faltar a la moralidad su carta decía:

 


«…A medida que se acumulan los meses y pasan los años, el veneno que han producido aumenta en su perversa intensidad y su repugnante olor llega hasta el cielo. ¡El cielo está furioso de ira y todos los dioses gimen de dolor! Por la presente se sugiere que destruya todas estas plantas de opio y, en su lugar, cultive alimentos. Al tiempo que escribo se emite una orden para castigar severamente a cualquiera que se atreva a plantar amapolas de opio nuevamente. El asesino de una persona está sujeto a la pena de muerte; ¡imagine cuántas personas ha matado el opio!...».

Lin Zexu


 

Lin terminó prohibiendo la venta de opio y exigió que todos los cargamentos fueran entregados a las autoridades chinas. Asimismo, ordenó el cierre del río Perla, atrapando a los comerciantes británicos en Cantón (actual Guangzhou); fue así que las tropas chinas consiguieron abordar los barcos británicos en el río Perla y el Mar de China Meridional para destruir todo el opio británico a bordo. Por supuesto, el descontento británico estalló.

 


En 1840, el Parlamento británico aprobó el envió de una expedición punitiva liderada por el Comodoro Bremer y emitió un ultimátum a la dinastía Qing exigiendo el pago de compensaciones por toda la mercancía destruida. Como era de esperar los Qing se negaron y la guerra estalló.

 


Los británicos iniciaron el asalto al archipiélago Zhoushan, al norte de Cantón, ya que aquello les permitía controlar el puerto Dinghai y desde allí dirigir sus operaciones durante la Primera Guerra del Opio contra China. Más tarde, la marina británica viajó al sur para recuperar por la fuerza su factoría en Cantón. Giro inesperado, no ocuparon solo la suya, ¡sino las 13 factorías pertenecientes a otras naciones occidentales! Por un momento el comercio con los Cohong se recuperó, hasta que una noche los Qing aprovecharon la obscuridad para lanzarse sobre las tropas y los barcos británicos. Una gran formación de 200 balsas de fuego conectadas por una cadena fue enviada a la deriva hacia los barcos británicos en Cantón. Los buques de guerra británicos pudieron evadir el ataque y las balsas perdidas que aún estaban encendidas iluminaron el río, fungiendo más como antorchas que alumbraban el entorno para frustrar el ataque nocturno y dar visibilidad a los británicos para actuar. Al poco tiempo, las fuerzas británicas consiguieron consolidarse en Hong Kong y desde allí se ordenó un rápido avance río arriba hasta Cantón. Fue así que los británicos contraatacaron, tomaron los últimos cuatro fuertes Qing sobre Cantón y bombardearon la ciudad.

 

 Río Perla y vertientes, pasa por la ciudad de Cantón o Guangzhou

Más al norte de Cantón se ubica el archipiélago Zhoushan y el puerto Dinghai cercano a Shangai

El río Yangtze o río Azul desemboca en Shangai


Con la caída de Cantón, el avance británico fue imparable. Ciudades cayeron y varios puertos fueron bloqueados, incluso hubo un esfuerzo por paralizar las finanzas públicas del Imperio Qing atacando el río Yangtze o río Azul que desemboca en Shangai. Los barcos de avanzada de la expedición navegaron por el Yangtze y capturaron las barcazas fiscales del emperador que recaudaban impuestos a lo largo del río; un golpe devastador que redujo significativamente los ingresos de la corte imperial en Beijing.

 

El 98.º Regimiento de Infantería en el ataque a Chin-Kiang-Foo, el 21 de julio de 1842.

Fuente del mapa: Google Maps


Cuando la flota británica navegó río arriba por el Yangtze las fuerzas británicas reconocieron la importancia logística de la ciudad de Zhenjiang (Chinkiang) y comenzaron sus planes para capturarla. Este enfrentamiento entre fuerzas británicas y chinas sucedió el 21 de julio de 1842, y es recordado como la Batalla de Chinkiang; la última gran batalla de la Primera Guerra del Opio. La fuerza china estaba formada por una guarnición de abanderados manchúes y mongoles, quienes tuvieron que hacer frente a las fuerzas británicas de Sir Hugh Gough. La batalla, librada cerca de la confluencia del Gran Canal y el río Yangtze, bloqueó el funcionamiento del sistema Caoyun, una red de transporte vital para el movimiento de cereales ¡por todo el Imperio de los Qing! Como resultado, y evitando que el hambre asolara sus dominios, el emperador Daoguang decidió pedir la paz y acordó firmar el Tratado de Nanking, el cual puso fin a las hostilidades y dio una gran victoria a Gran Bretaña. Gracias al tratado, los británicos consiguieron abolir el antiguo monopolio de los Cohong y las Trece Fábricas en Cantón, pero también consiguieron abrir cuatro puertos adicionales para comerciar con quien quisieran: Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shanghai.

 

Firma del tratado de Nanking a bordo del HMS Cornwallis

por el Capitán John Platt, Voluntarios de Bengala (1846)


La Primera Guerra del Opio había terminado, pero los humos de la adicción y la violencia habrían de volver en 1856.

 


¿Es ético proveer todo lo que el mercado exija, aún si aquello destruye la salud pública? ¿Cómo conseguir el éxito comercial sin dañar a quienes nos rodean?

 



 



Aprende más:

Nuestro libro recomendado es - Periplo - Viaja por el mundo con 100 cápsulas de su historia

por Fermín Beguerisse Hormaechea & Guillermo Beguerisse Hormaechea Descúbrelo en:

 

 

Fuentes:

Hanes, W. Travis; Sanello, Frank (2004). Opium Wars: The Addiction of One Empire and the Corruption of Another. Sourcebooks. https://books.google.com.mx/books?id=j_NeegcOBWUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false 

 

 

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