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La disputa de los ritos

Autora: Ilse Andrea Sotres Ávila


Primera puerta de entrada al templo de Confucio, Ching-hai



Durante los siglos XVI y XVII, Europa se aventuró en el misterioso territorio de China, una tierra donde la cultura y la sociedad eran completamente desconocidas. Los misioneros jesuitas y dominicos tuvieron un papel crucial al momento de presentarle la cultura china a Europa y cargaron con la responsabilidad de transmitir con precisión sus investigaciones, ya que cualquier error podía tener un impacto significativo en la estructura social y cultural europea. ¡Tenían una misión enorme! ¿Cómo podían tener una postura unánime entre misioneros? ¿Y qué pasaría si entraban en oposición? Este dilema se manifestó en lo que se conoció como la «Disputa de los ritos», una controversia que giró en torno a la evangelización de los chinos y, en particular, a los ritos en honor a los antepasados, al culto a Confucio y a la traducción del término Deus al chino.



Las opiniones se dividieron en dos grandes bloques. Por un lado, estaban aquellos que sostenían que el confucianismo, en sus orígenes, era una religión monoteísta que con el tiempo se había desviado a causa de la intromisión de otras filosofías como el taoísmo y el budismo. Según esta interpretación encabezada por el jesuita Matteo Ricci, el confucianismo era compatible con el cristianismo e incluso tenía la esperanza de volver a sus raíces si se le presentaba la perspectiva católica. La mayoría de los misioneros jesuitas se posicionaron en favor de esta teoría. Dado que bajo esta perspectiva el confucianismo presenta cierta compatibilidad con el cristianismo, los jesuitas sostuvieron que los chinos eran personas civilizadas, con una cultura y una sociedad dignas de respeto.



La segunda interpretación del confucianismo, liderada por Niccolo Longobardo, y seguida principalmente por dominicos y franciscanos, afirmaba que el confucianismo era indefendible, pues era politeísta y, por lo tanto, bárbaro e indigno. Es evidente que aseverar algo como la inferioridad de otra cultura es impensable, pero a los ojos europeos de aquella época era sencillo: si no existía el monoteísmo en China, no había civilización.




Entonces, aquí el dilema de la época, si defender de manera correcta el confucianismo llevaba a afirmar su inferioridad y, por otro lado, tergiversarlo lo acercaba a la igualdad, ambas salidas eran turbulentas. ¿Qué hubieras hecho tú? ¿Optarías por faltarle al respeto a otra religión para poder respetarla moralmente? ¿O, en cambio, preferirías darle prioridad al respeto con el riesgo de ser juzgado por tus pares religiosos como un hereje?



La disputa culminó en 1645 cuando la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe se posicionó en contra de la compatibilidad entre chinos y cristianos. Sin embargo, en 1656, se decantó por la interpretación jesuita o «acomodacionista» y levantó la prohibición.


[Imagen 1] Matteo Ricci / [Imagen 2] Confucio


Es necesario comprender ambas posturas, pues no es tan fácil etiquetar hechos históricos como extremos opuestos, sino que requiere identificar matices. Además, ambas interpretaciones presentaban puntos débiles debido a su inamovible eurocentrismo, lo que les impidió ver el panorama general. Su discusión fue de suma importancia para el descubrimiento de nuevas culturas y la relación que tuvieron con Europa. En otras palabras, es imprescindible conocerlas para llevar a cabo un análisis crítico y comprender el inicio de la sinología en occidente.



¿Te has detenido a pensar que muchas críticas a hechos históricos son anacrónicas? ¿Qué tanto cambiaría tu percepción de la historia si consideraras que las cosas no son simplemente blancas o negras, buenas o malas, sino que están influenciadas por numerosos matices y factores? ¿Recuerdas otro acontecimiento que probablemente juzgaste sin tomar en cuenta sus circunstancias?



 


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Fuentes:

M. Goicoechea y C. L. De la Vega. “Planteamiento de una comprensión del espíritu chino: la querella de los ritos y Domingo Fernández de Navarrete”, Boletín de la Asociación Española de Orientalistas VII (1971), 75-96


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1 Comment


Excelente muy interesante felicidades

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