El arte de la comedia

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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¿Qué tanto te gusta la comedia? Es raro que vayamos a un museo y nos riamos. Hoy tengo para ti una historia de alguien que pensó que un poco de comedia no le venía mal a una exposición de arte.


«Fontaine» – Marcel Duchamp


No importa en dónde estés, la edad que tengas o el idioma que hables, algo que tenemos en común es que a todos nos da risa hablar sobre lo que hacemos en el baño. En 1917, el artista francés Marcel Duchamp creó —y ese verbo en breve lo analizaremos— una obra de arte aderezada con comedia. La nombró «Fuente» y no era más que un urinario puesto de espaldas y firmado con el pseudónimo R. Mutt junto al año de término de la obra: 1917.



Es una pieza que habremos visto por lo menos en fotografía y que se queda grabada en nuestra mente tras la pregunta obligada: «¿Cómo un mingitorio en una galería?». Después de todo, sólo es un urinario de porcelana salido de alguna fábrica al igual que cientos de otros. Para complicar más el asunto, la «Fuente» original se perdió y las —así es, las, en plural— que vemos en distintos museos son réplicas. Es decir, más de esos mingitorios prefabricados y firmados repartidos en distintas exhibiciones alrededor del mundo.



Para entender de qué se trata todo este enredo primero debemos conocer a Marcel Duchamp, un pilar del movimiento artístico llamado dadaísmo. Sin entrar en mucho detalle, él y el movimiento rechazaron la idea de que el arte obtiene valor con el paso del tiempo y exaltaron lo fugaz. Una vez que ya estaban de camino a destruir el establecimiento tradicional del arte, decidieron que lo más importante de la creación artística es el ejercicio puro de la voluntad, sin necesidad de formación o talento. Ya te imaginarás el destino de dichos argumentos. A primera impresión, rechazar estas ideas dadaístas es lo habitual; sin embargo, este tipo de Anti-arte es más profundo de lo que aparenta.



Volvamos sobre la idea de tomar objetos fabricados y producidos en masa, como una bicicleta, un metrónomo o un urinal. Al transformarlos, sin importar lo poco que sea, para convertirlos en una obra de arte cambian su nombre a ready-mades. Este término desafía la definición conocida del arte y surgió en un momento crucial de la Historia: el periodo entreguerras. Fue realmente una respuesta a la vez que una crítica al capitalismo, al nacionalismo, a la corrupción y todo el entorno social y político que se vivió tras la Primera Guerra Mundial. Los ready-mades evidenciaron que a una sociedad irracional hay que darle arte sin sentido. Un espejo en el cual la burla vino acompañada de la crítica.



Duchamp tuvo la intención de causar revuelo con «Fuente» y entendió que la comedia podía ser una herramienta para expresar un punto válido. No nada más compró un mingitorio y lo puso en un museo, sino que tuvo la delicadeza de firmarlo con otro nombre y de pedir que se instalara de espaldas sobre un pedestal para tener mayor impacto. Entendió el contraste entre expectativas y entrega, una dualidad crucial para la comedia. Sabía que así causaría risa y que podía capitalizarla para dar su mensaje. Hasta ese momento se pasaba por alto el poder del humor dentro del arte —incluso aún sucede—. Fueron los Dadaístas quienes encontraron ese punto ácido que entre risas nos frena para reflexionar. Lo difícil va más allá de sólo tirar la broma, pues así no se derriban creencias, sino lograr el equilibrio adecuado entre el impacto, el remate y la crítica. El humor puede ser muy poderoso, pues causa una impresión real y se queda con uno incluso tras abandonar un museo. Tras la risa por la sorpresa de un mingitorio en plena galería, empiezan las preguntas: ¿qué hace esto aquí? ¿Acaso es arte? ¿Por qué el urinario no puede ser arte? ¿Qué es el arte a fin de cuentas? Algunas hoy en día trilladas, pero en ese momento nunca planteadas. Y, por último, incluso más actual, si el arte es producto de la sociedad, ¿qué nos está diciendo cierto tipo de arte sobre nosotros mismos?



Tal fue el alboroto que ocasionó «Fuente» que, tras perderse el ready-made original, en los años sesenta Duchamp hizo réplicas. Para ese momento el inaugural ya no era importante —una espolvoreada de más dadaísmo sobre dadaísmo— sino las preguntas que provocó y la conversación que inició.


El arte incorpora el humor de varias maneras, desde la parodia hasta lo absurdo. Al igual que en un show de stand-up, la risa es una manera de hablar sobre temas difíciles, aunque necesarios, como sociedad. El humor crea un espacio para darnos cuenta de que no habíamos pensado las cosas desde cierto punto de vista. Este ejercicio es enriquecedor, pues nos recuerda que hay distintas maneras de pensar, muchas de ellas tan válidas como la nuestra. Ahora, la próxima vez que tengas ganas de reír en un museo sabrás que no es por torpeza, sino por complicidad con el artista. Sólo no olvides la reflexión posterior.



¿Qué piensas cuando ves arte que no entiendes? ¿Cómo reaccionaste la primera vez que viste la foto de «Fuente» de Duchamp? ¿Qué piensas ahora? ¿Cómo reaccionas cuando te presentan arte contemporáneo que parece un sinsentido?



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