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El rey de cristal

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy en día tenemos la fortuna de contar con avances médicos que hacen nuestro paso mucho más agradable que en el pasado, épocas en las que la vida podía ser tan frágil como el cristal.


Arrebato de locura del rey Carlos VI - Jean Froissart



En 1380, un niño de 11 años subió al trono de Francia bajo el nombre de Carlos VI. Pequeño e inexperto, gobernó con la ayuda de tutores durante ocho años hasta alcanzar la pericia para dirigir su reino sin necesitar quien cuestionara sus decisiones. Implementó reformas para mejorar la burocracia, redujo la corrupción, e incluso se involucró en la política papal. ¡El monarca era una verdadera promesa que tenía a todos encantados!... hasta que tuvo su primer ataque esquizofrénico.



En 1392, su amigo y consejero Oliver de Clisson trató de asesinarlo. Carlos reunió un ejército y lo persiguió hasta su escondite en Bretaña. Furioso y sediento de venganza, los informes de la época narran que hablaba incoherencias y sin un discurso conectado. El ejército que había reunido avanzaba con lentitud, demorando su revancha y mermando su paciencia. El monarca perdió la entereza cuando un paje dejó caer accidentalmente una lanza contra una armadura. Carlos desenvainó su espada dispuesto a atacarlo. Aterrados de enfrentarse a su rey, el ejército no se involucró hasta que varios de sus compañeros murieron bajo su mano. No tuvieron otra opción más que someterlo para que no acabara con todo el regimiento. Desde entonces el rey perdió la cordura.



Carlos sufrió muchos episodios de confusión durante su vida, algunos en los que se olvidó de quién era e incluso de que era el rey de Francia, pero ninguno tan grave como el que lo llevó a pensar que estaba hecho completamente de vidrio y que cualquier toque lo rompería. Se envolvía en mantas gruesas con mucho cuidado y con movimientos muy lentos, y así, ceñido en un capullo, se sentaba sin moverse durante horas para mantener a salvo su cuerpo de cristal. Este mal lo atormentó la mayor parte de su vida. El futuro Papa Pío II dejó por escrito que «su enfermedad empeoró cada día hasta que su mente desapareció por completo. A veces pensaba que estaba hecho de cristal y no se dejaba tocar. Hizo que le pusieran barras de hierro en la ropa y se protegía de muchas maneras para que no se cayera y se rompiera».


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Aunque Carlos VI es el caso más famoso de delirio de cristal, no fue ni el inaugural ni el último en sufrirlo. El primer registro aparece en un texto de 1561 del médico holandés Levinus Lemnius, y sabemos que era una condición que existió en Europa durante los siglos XV y XVII. Esta neurosis pertenecía a una categoría que llamaban «Melancolía del erudito», y que ligaban con el concepto de «bilis negra» de los antiguos griegos. En su tratado de 1621, «La anatomía de la melancolía», Robert Burton señaló que la ilusión de ser de otro material era un signo de la tristeza profunda, y que no sólo se limitaba al vidrio, pues había encontrado casos de personas de corcho, plumas, plomo o con miedo de que la cabeza se les desprendiera. El fenómeno era tan común que, en 1613, Miguel de Cervantes escribió una novela corta titulada «El licenciado Vidriera» en la cual el protagonista, un aspirante a abogado es accidentalmente envenenado por una poción afrodisiaca y termina convencido que está hecho de vidrio.



En algunos casos de delirio de vidrio, los enfermos creían que eran recipientes, mientras que otros se sentían atrapados dentro de botellas. Curiosamente, la vida y el arte de la época se imitaron mutuamente y se cree que los casos de delirio de vidrio coincidieron con la mejora técnica de este material, lo que inspiró su elección en la mente de quienes sufrieron esta ilusión, así como estas inspiraron la tradición artística, como en la obra de Cervantes.



En la mayoría de los casos los procesos históricos, sus personajes y sus acciones se dieron en contextos muy distintos de los que gozamos en la actualidad. Con el conocimiento del presente es muy fácil juzgar el pasado como un época obscura y repleta de ignorancia. Desde luego, esto tuerce nuestra comprensión, aumenta la arrogancia, y nos aleja de lo que el pasado tiene que enseñarnos. Después de todo, no queremos que el futuro sea tan duro con nosotros.



¿Qué avances médicos de la actualidad pueden arrojar luz sobre comportamientos históricos? ¿De qué manera aportas para acumular el conocimiento que suma directamente al avance de nuestra especie?



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Eso no estaba en mi libro de historia de la medicina: Enfermedades implacables, rasguños mortales, diagnósticos imposibles, algún aprendiz de brujo y mujeres enfrentadas a su tiempo.

por C. A. Yuste (Autor), Jon Arrizabalaga (Autor)

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