Especial de Escocia- Ana: Hacia la unidad británica

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Ana Estuardo


El siglo XVIII recién comenzaba y la reina Ana Estuardo gobernaba sobre Inglaterra, Escocia e Irlanda. Ana reunía varias coronas, pero sus reinos permanecían legalmente separados y polarizados por intereses irreconciliables. Ahora bien, aquella división política que rasgaba a la población solo se acentuó aún más cuando una moda europea centralizadora se fincó en algunas mentes de la cúpula del poder, propagándose por las calles de Londres y Edimburgo. Una nueva era estaba por comenzar y la esperanza en una integración definitiva de escoceses e ingleses bajo una misma identidad británica parecía estar en las manos de una mujer.



Antes de 1603, Inglaterra y Escocia tenían diferentes monarcas. Como Isabel I Tudor nunca se casó ni tuvo descendencia, el presunto heredero fue Jacobo VI Estuardo de Escocia, quien mantuvo las dos coronas en unión personal, como Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia. Desde entonces nació una intención por unir el norte de la gran isla británica con el sur, y promover una misma identidad. Jacobo intentó alcanzar su cometido políticamente, pero el parlamento inglés rechazó la propuesta, y sus esfuerzos por conseguirlo desde la religión, a través de una Iglesia unificada de Escocia e Inglaterra, tampoco resultaron en aquel estado unionista y centralizado que tanto deseaba se conociera como Gran Bretaña. De hecho, los intentos de imponer una política religiosa como esta solo condujeron a la afamada Guerra de los Tres Reinos (1639-1651) Un conflicto que incluyó rebeliones, guerras civiles e invasiones, siendo la Guerra Civil Inglesa la más conocida de ellas. Terminó con el ejército parlamentario inglés derrotando a todos los demás beligerantes, la ejecución del rey Carlos I – hijo de Jacobo I –, la abolición de la monarquía y la fundación de la Commonwealth o Mancomunidad de Inglaterra; una república unitaria que controló las Islas Británicas hasta la restauración de la casa real Estuardo en 1660.


Batalla de Marston Moor, 1644 (Guerra Civil Inglesa) por John Barker



Durante la Mancomunidad de Inglaterra, conformada por ingleses, galeses, escoceses e irlandeses, el gobierno estuvo liderado por Oliver Cromwell, un personaje astuto y dominante con fervientes ideales puritanos. No obstante, tras su muerte y un breve periodo de gobierno bajo su hijo, Richard Cromwell, esta etapa conocida también como “El Protectorado”, finalizó y la casa real de los Estuardo, con vínculos escoceses, regresaba a gobernar las islas británicas bajo la figura de Carlos II. Las coronas se volvían a reunir en un mismo monarca, pero los intereses comerciales se dispersaban en direcciones contrarias. Mientras los ingleses prohibían el ingreso de barcos comerciantes extranjeros y entraban en guerra con la República Holandesa, lo escoceses reconocían en este nuevo “enemigo” a su principal mercado de exportación. La isla se encontraba nuevamente dividía y el proyecto de una unión política reaparecía en el horizonte para debilitar el intercambio de bienes entre Escocia y Holanda. Lamentablemente, la oposición impidió que la idea se aterrizara.




Más tarde, la posibilidad de que Jacobo II ascendiera al trono como rey católico, alarmó a varios miembros anglicanos del parlamento, por lo que buscaron contrarrestar la situación favoreciendo a su hija María II Estuardo y a su esposo holandés Guillermo de Orange, ambos protestantes. Durante la corregencia del matrimonio, la pareja real apoyó la idea de unir legalmente a Escocia e Inglaterra, pero esta opción fue una vez más mal recibida por el parlamento inglés y la mayoría presbiterana escocesa. Fue hasta la llegada de una nueva reina, Ana Estuardo, que la situación adquirió otra dimensión tras el peso de sus palabras frente al parlamento inglés. Ana reconocía como inevitable y necesario iniciar el siglo XVIII uniendo a ambos reinos.


La reina Ana dirigiéndose a la Cámara de los Lores por Peter Tillemans



Las negociaciones entre ingleses y escoceses tuvieron lugar entre el 16 de abril y el 22 de julio de 1706 en Londres. Cada lado tenía sus propias preocupaciones y buscaba salir vencedor en cada una de ellas. Por un lado, Inglaterra negoció una garantía para que la dinastía Hannoveriana sucedería a la reina Ana en la corona escocesa; mientras que, por el otro, Escocia solo accedió a la solicitud inglesa tras una garantía de acceso a los mercados coloniales. Después de terminadas las negociaciones, en julio de 1706, éstas pasaron a ser aprobadas por los parlamentos de Escocia e Inglaterra bajo el Tratado de Unión de 1707. El documento pasó rápidamente por las cámaras de Londres, más no así en Escocia, donde tras un arduo cabildeo Edimburgo finalmente aceptó la unión con 110 votos a favor y 69 en contra. Las palabras de urgencia de Ana y el sacrificio de su propia corona se sumaron a años en busca de unidad, así como a hombres y mujeres que durante un siglo trabajaron por mover voluntades hacia un objetivo común: hacer las diferencias a un lado y caminar juntos hacia la consolidación de “Gran Bretaña”. ¿Será esté aún el deseo de Escocia?, ¿habrá opción para que los británicos, tras el brexit, sumen nuevamente su proyecto a una unidad mayor como la Unión Europea?



 



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