Guerra de barones

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

El rey Juan de Inglaterra en batalla con los francos (izquierda),

el príncipe Luis VIII de Francia en marcha (derecha). Biblioteca Británica



Sin poder soportar más el despotismo y el liderazgo fallido del monarca inglés Juan sin Tierra, un grupo poderoso de barones lo forzaron a aceptar "Los Artículos de los Barones", una serie de reformas que sirvieron de base para un documento fundamental en la evolución política de Occidente: La Carta Magna. Un esfuerzo civilizatorio por poner el peso de la ley sobre cualquiera, incluido el rey. Aunque esto no evitó que algunos la incumplieran y se desatara un cruento enfrentamiento por el control de Inglaterra. La guerra de los barones había comenzado.



La contienda comenzó por la Carta Magna, pero rápidamente se convirtió en una guerra dinástica por el trono de Inglaterra. Para hacer frente a Juan sin Tierra, los barones rebeldes recurrieron a Luis VIII, hijo y heredero aparente del rey Felipe II de Francia y nieto político del rey Enrique II de Inglaterra. Al principio, en noviembre de 1215, Luis solo envió a los barones un contingente de caballeros para proteger a Londres. Sin embargo, al año siguiente, los guardacostas de Thanet divisaron velas en el horizonte: Luis venía a reclamar el trono inglés.



Con Luis en la isla, muchos de los partidarios del rey Juan percibieron una ola de cambio político y optaron por apoyar a los barones rebeldes. Una decisión del todo acertada, pues el líder francés pronto inició una cacería para capturar a su rival. En aquella incansable búsqueda de Juan sin Tierra, Luis dirigió su ejército a Reigate, al sur de Londres, donde encontró el castillo abandonado. Luego, ávido de dar con el paradero del rey inglés, rindió al castillo de Guildford, pero tampoco yacía ahí. Paso a paso, las tropas francesas fueron tomando más y más territorio. El castillo de Farnham inicialmente cerró sus puertas, pero se rindió tras un cruento asedio enemigo, siendo éste el mismo destino que tuvo el castillo de Winchester. La campaña de Luis continuó imparable, y en julio de 1216 alrededor de un tercio de Inglaterra estaba bajo su control.



En su vida de forajido, Juan sin Tierra consiguió dar guerra a varios barones rebeldes resguardados en el castillo de Rochester. Erigió cinco máquinas de asedio, envió matar cientos de cerdos para usar su manteca como combustible e incendiar todo a su paso, derribó la muralla fortificada y tomó el edificio. Fue tal la conmoción provocada por el evento que más tarde el cronista de Barnwell escribió:



“Nadie vivo puede recordar un asedio tan ferozmente presionado y tan valientemente resistido. Después de él, pocos volvieron a poner su confianza en los castillos”.



No obstante, la resistencia de Juan llegó a un abrupto final cuando la disentería —enfermedad del intestino — le arrebató la vida el 18 de octubre de 1216. Murió en el castillo de Newark, en Nottinghamshire, y con ello no solo terminó el motivo principal de la lucha, sino que la perspectiva de la situación cambió por completo. Fue entonces que un Luis mayor y maduro parecía mucho más una amenaza para los intereses de los barones que el hijo de nueve años del difunto rey, el príncipe Enrique.


[Imagen 1] Llegada de Luis de Francia a Inglaterra /

[Imagen 2] Efigie del Rey Juan en su monumento en la Catedral de Worcester


Pierre des Roches, obispo de Winchester, y varios barones se apresuraron a coronar al joven Enrique como rey de Inglaterra. Londres estaba en manos de Luis por lo que, el 28 de octubre de 1216, llevaron al niño del castillo de Devizes a la abadía de Gloucester, donde un pequeño grupo de invitados testificó cómo Guala Bicchieri, el representante del Papa, coronó a Enrique con un improvisado collar de oro. Al poco tiempo de la coronación, la Carta Magna se volvió a emitir a nombre de Enrique y fue sellada por el regente del joven rey, William Marshal.



Con trabajos y negociación, William Marshal consiguió que el resto de los barones cambiaran de bando y optaran por atacar a Luis, quien no dudó en volver a Francia por refuerzos.


[Imagen 1] Castillo de Rochester / [Imagen 2] Carta Magna




Refortalecido, Luis zarpó de vuelta a Inglaterra. Su objetivo era anclar en Dover para desde allí comenzar su nueva campaña; no obstante, las tropas inglesas se le adelantaron y tuvo que atracar en Sandwich. El desvió fue tal, que Marshal pudo elegir el lugar de combate y derrotar al líder francés en el castillo de Lincoln en mayo de 1217. El golpe fue contundente, pero lo fue aún más cuando el convoy de refuerzo de Luis, al mando del corsario Eustaquio el Monje, fue destruido en altamar.



Con una derrota evidente, los aliados de Luis, entre ellos escoceses y galeses, depusieron sus armas; y el príncipe francés tuvo finalmente que firmar el Tratado de Lambeth el 11 de septiembre de 1217, donde se le obligó a renunciar a toda pretensión de ser rey de Inglaterra. Luis nunca volvió a la isla y el pequeño Enrique pudo gobernar por más de cincuenta años.



Y tú, así como Inglaterra con la muerte del rey Juan sin Tierra ¿te has topado con una situación capaz de transformar las voluntades a tu alrededor?


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