La mafia del arte: pintores asesinos

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Esta hermosa cúpula en Nápoles costó amenazas, miedo y sangre. Descubre la historia de los pintores asesinos: la Cabala Napoletana.



La “Cabala Napoletana” fue una sociedad secreta de pintores napolitanos con antecedentes criminales y sin escrúpulos para dominar la escena artística de la ciudad durante el siglo XVII.



Esta mafia del arte fue encabezada por tres de los pintores más prestigiosos de su tiempo: el español José de Ribera llamado Lo Spagnoletto, el griego Belisario Corenzio y su alumno Battistello Caracciolo. Su propósito era gestionar las principales comisiones artísticas en la ciudad a favor de pintores napolitanos, obstaculizando por medio de amenazas y violencia las encomiendas a extranjeros.



La violencia de “La Cábala” se intensificó cuando se encargaron a forasteros los frescos de la Capilla del Tesoro de San Genaro. Esta capilla alberga los restos del santo patrono de la ciudad y es el lugar de culto más importante de Nápoles. Era un insulto que el encargo no se le concediera a un napolitano.



La Deputazione, es decir la institución secular que custodia el tesoro y reliquias de San Genaro, había optado por un no napolitano para evitar, ingenuamente, rivalidades y para poder acceder a los mejores pintores italianos. Sin embargo, esta elección desencadenó una ola de violencia a cargo de La Cabala.



El primer pintor en recibir el encargo fue el boloñés Guido Reni. El pintor, temeroso ante la idea de trabajar en Nápoles, confirmó sus miedos cuando vio a su ayudante apuñalado al regresar a casa. Huyó de la ciudad apenas con tiempo para dejar cartas de disculpas a sus clientes.



El segundo pintor fue Francesco Gessi. Alumno de Reni, ignoró las advertencias de su maestro y decidió buscar fama y fortuna en Nápoles. Al llegar a la ciudad descubrió que alguien ya lo había rodeado de fama y se encontró rodeado de cartas anónimas llenas de amenazas. Sin darle importancia continuó en el proyecto hasta que dos de sus aprendices fueron secuestrados y no se les volvió a encontrar. Gessi abandonó la ciudad.



El tercer pintor fue Domenico Zampieri, o Domenichino. Informado de la hostilidad que le esperaba en Nápoles, aceptó reticente la comisión. En medio de una serie de amenazas, pero protegido por una Deputazione cansada de la violencia que sufrían sus pintores, logró pintar la serie de frescos que rodean la cúpula de la capilla de San Genaro. Las amenazas de La Cabala empeoraron y Domenichino huyó repentinamente dejando atrás a su esposa e hija. Las dos mujeres fueron encarceladas por la falta de formalidad del pintor, por lo que el remordimiento lo hizo regresar a Nápoles. Tiempo después fue encontrado muerto, se cree que por envenenamiento.



Finalmente, Giovanni Lanfranco apenas logró terminar la cúpula sin sufrir ningún daño a pesar de las amenazas.



Esta historia, apasionante, nos muestra uno de los varios lados violentos del barroco, una época de excesos, contrastes y con un gusto por la teatralidad llevada a la vida misma.



¿De qué manera la vida y necesidades personales de un artista pueden desembocar en un interés económico que orilla a la batalla por la supervivencia? ¿De qué forma esta historia se repite en distintos ámbitos de la vida con resultados trágicos?



Esta historia, apasionante, nos revela uno de los muchos lados ocultos del barroco. Muy pronto, aquí en «Compass. Guiándote por la Historia» tendremos un especial del Barroco, un episodio de la historia del arte que toca las entrañas (literalmente).


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