Los fantasmas del Japón

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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VHS malditos, espíritus bajo las sábanas, entes trepamuros… el terror japonés ha influenciado la cultura popular global, pero sus raíces son mucho más profundas de lo esperado. Conozcamos a los Yurei, los fantasmas del Japón.


«El fantasma de Oyuki» - Maruyama Okyo



Los yurei están atados a la historia de Japón. Estos seres que al morir dejaron algo pendiente y vuelven al reino de los vivos hasta conseguirlo, encuentran su origen en los kaidan, o historias de fantasmas contadas para dar una moraleja. Estas ficciones se entrelazaron con el folclore japonés, su relación con los difuntos y la religión. Por un lado, el sintoísmo, la religión autóctona de Japón, venera a los kami; es decir, espíritus sobrenaturales que existen en toda la naturaleza, impregnando así a la cultura japonesa con la noción de ánimas. Por otro lado, el budismo introdujo en Japón la idea de que las personas al morir reencarnan y que este proceso está ligado al karma, es decir que las acciones que hacemos mientras vivimos influyen en las existencias sucesivas. Al mezclar la idea de espíritus con la de poder llevarse a la muerte asuntos pendientes, la creencia en los yurei resulta natural.



Subconjunto de una categoría más amplia, los yokai, que contiene a todos los seres extraños y sobrenaturales de Japón, simplificar a los yurei con el término «fantasmas» es engañoso, ya que la manera en que son representados está íntimamente ligada con el periodo histórico y con las leyendas específicas de las que derivan. Por ejemplo, en el antiguo Japón (previo al siglo VIII) eran seres invisibles y sin forma, y durante el período Heian (794-1192) eran indistinguibles de cualquier ser humano, haciendo más difícil —y terrorífico— identificarlos. Un buen ejemplo de esto es la leyenda de Otsuyu, quien se enamoró perdidamente de una joven antes de descubrir que en realidad estaba muerta. La imagen predominante en la actualidad se remonta al período Edo (1603-1867); espíritus pálidos de pelo negro, sin pies y vestidos con un kimono blanco funerario. Esta imagen la popularizó el retrato pintado por Maruyama Okyo de su amante muerta, una geisha joven de quien estaba enamorado y que se le apareció en una visión después de morir.




Pero si algo coincide en todas las leyendas es que a un yurei lo ata a la tierra de los vivos un deseo. Este puede ser tan inofensivo como alimentar a una mascota, como tan terrorífico como buscar venganza contra la nación. Esto servía como enseñanza para que las personas reconsideraran la actitud con la que llegaban a la muerte; idealmente habiendo cerrado asuntos y perdonado ofensores. Si una persona moría consumida por ira o sentimientos de venganza, su alma podía convertirse en onryo —un poderosísimo yurei vengativo— capaz de desencadenar desastres naturales. Como sucede en la leyenda del emperador Sutoku, quien, después de su abdicación forzada y exilio, se dedicó a la vida monástica. Así manuscribió numerosas escrituras y las ofreció como regalo a la corte, pero esta, temiendo que estuvieran hechizadas, se negó a aceptarlas. Desairado, Sutoku quedó resentido hasta la muerte y se convirtió en un onryo que desencadenó la caída de la fortuna de la corte imperial y propició el ascenso al gobierno de los samuráis.


«Sutoku convertido en Onryo» - Utagawa Yoshitsuya



El camino de un yurei hacia la paz depende de su objetivo. Y no descansa hasta lograrlo. Algunos simplemente terminan de lavar los platos, pero otros no descansarán hasta aniquilarte. No hay a dónde correr o cómo esconderse. Lo único bueno —para los que quedan vivos— es que una vez que un yurei logra su cometido desaparece para siempre. Aunque existe otra opción para librarse de ellos: realizarles rituales budistas y sintoístas para aplacar su ira. Sólo así, y con una promoción póstuma, se pudo apaciguar al emperador Sutoku. Pero incluso los rituales no siempre aseguran una solución…



Hoy en día en Japón se puede apreciar esta cultura de lo sobrenatural entrelazada con la vida contemporánea. Desde animación y películas, hasta arte y literatura posmoderna. El impacto de estos seres en la cultura es innegable, y nos deja un seductor lado de Japón oculto en las sombras. No importa que tanto se ilumine la noche neón de Tokio, los yurei continuarán al acecho.



Gracias a estas historias de fantasmas el ser humano trata de explicar lo que sucede después de la muerte y, bajo una óptica más positiva, la mejor manera de vivir. Si algo une a todas las culturas del planeta es la relación trascendental que tenemos con la muerte, por lo que en todas existen espíritus y fantasmas que nos dicen cómo se sienten los muertos.



¿Hay historias de fantasmas características de tu país? ¿Cómo se han entrelazado para formar parte crucial de tu cultura? ¿Qué tienen que enseñarte después de un buen susto?



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