Romanos de virtud – Marco Aurelio
- Compass.

- hace 21 horas
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Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

Estatua ecuestre de Marco Aurelio, Museos Capitolinos
Entre el ruido de las legiones y el eco de las traiciones, hubo hombres que entendieron el poder no como botín, sino como carga; no como privilegio, sino como deber. En este especial llamado “Romanos de virtud” exploraremos algunos personajes de la Antigua Roma que, en contextos de crisis, corrupción o decadencia, alcanzaron los más altos cargos del Estado y optaron por preservar la virtud.
Nicolás Maquiavelo, el escrito florentino y autor de la afamada obra política “El Príncipe” llegó a referirse a Marco Aurelio, emperador de Imperio Romano, como un ser humano afable, de vida modesta y amante de la justicia. Fue, según quienes lo conocieron y quienes han relatado su historia, un hombre virtuoso en un mundo en crisis.
El mundo del emperador Marco Aurelio, en el siglo II d. C., estaba en ruinas. A partir del año 165 d.C., una pandemia traída por tropas que regresaban de las campañas en el Este diezmó a la población. De hecho, se estima que la plaga mató a cerca de 7 millones de personas en un momento que se requería de capital humano para defender los límites del Imperio, ya que mientras la población sufría de los estragos de lo que podría haber sido viruela o sarampión, las tribus germánicas desafiaron la frontera con Roma cruzando el Danubio e invadiendo el norte de Italia. Fue una crisis de esta magnitud la que obligó a Marco Aurelio a pasar sus últimos 14 años de vida en campamentos militares dirigiendo personalmente la resistencia romana en un esfuerzo por restablecer el orden en las fronteras. Todo lo anterior afectó severamente la capacidad del Imperio para recaudar impuestos, dejando las arcas del Estado al borde de la bancarrota. Frente a esos males, el emperador buscó consuelo en la filosofía, particularmente, en el estoicismo; no como una manera de fugar su mente de la realidad, sino todo lo contrario, como brújula para navegar con éxito tiempos desafiantes.

El Imperio romano al final del reinado de Marco Aurelio, en 180
Conocido también como el “rey filósofo”, Marco Aurelio es uno de los personajes de la historia más afines al ideal platónico de un líder capaz de combinar sabiduría filosófica y habilidad política en su actuar. Como bien mencionábamos, su vida se vio permeada por el estoicismo, una corriente filosófica cuyo propósito es alcanzar la serenidad y la felicidad a través del desarrollo de la virtud y la razón. Su principio fundamental consiste en distinguir con claridad lo que depende de nosotros y lo que no, a lo que se suma la creencia en la Virtud como Único Bien; es decir, el estoicismo considera que la felicidad no reside en las posesiones o el estatus, sino en la excelencia de carácter que se alcanza al desarrollar cuatro virtudes cardinales: la sabiduría, que nos permite navegar situaciones complejas; la justicia, que nos invita a tratar a los demás con equidad y bondad; el coraje, que nos llena de fortaleza para hacer lo correcto y enfrentar la adversidad; y por último, la templanza, que ejercita el autocontrol frente a los deseos desordenados que derivan en el caos.
El estoicismo, como guía para sortear los obstáculos que la realidad presentaba a Marco Aurelio, se vio reflejado en sus decisiones de gobierno. Frente a la pandemia que acosaba a la población hizo lo que estaba en sus manos al fundar hospitales llamados valetudinaria, y para no aquejar a la población con un aumento de impuestos para financiar las guerras de frontera, decidió subastar las pertenencias de la familia imperial; dejó ir oro, joyas y sedas, demostrando que la virtud está por encima de las posesiones materiales. Sin duda, Marco Aurelio fue un emperador capaz de distinguir que el poder no es un botín ni un privilegio, sino una carga y un deber para con los gobernados. Hoy, su libro titulado “Meditaciones” se erige como una de las obras estoicas de referencia para todo aquel que busca afrontar su realidad desde la serenidad y la virtud de un verdadero “rey filósofo”…
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