Un golpe de realidad

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy tengo para ti una pintura de impacto. Un cuadro que con verlo un segundo nos traslada de un golpe a un pasado brusco.


George Bellows - «Stag at Sharkey's»


George Bellows ya era considerado como uno de los artistas más importantes de Estados Unidos cuando murió, a los cuarenta y dos años, tras una ruptura de apéndice. Su fama la levantó pintando combates de boxeo y escenas descarnadas de la vida en la ciudad de Nueva York de principios del siglo XX. Hoy se le recuerda como la personificación del movimiento artístico de la Escuela de Ashcan.



De temática urbana, con paleta obscura y pincelada gestual, la Escuela de Ashcan era un movimiento poco cohesionado con sede en Nueva York. Inspirado en el pintor Robert Henri, el grupo creía en el valor estético de la vida de los inmigrantes y de la clase trabajadora —todo lo contrario a la idealización del oeste del país o el ideal elitista nacional—. Si bien su temática era revolucionaria, bebía del arte español y holandés del siglo XVII y de la pintura francesa del XIX. Poniéndolo en términos simples, una suerte de impresionismo rudo.

Enfocado en la modernidad y la expresión, su logro principal fue retratar la energía de la ciudad y su gente. Un excelente lugar para ello era el «Club Atlético de Sharkey».



Bellows no era ajeno a este lugar, más cantina clandestina que club deportivo. Este salón con ring de boxeo en la trastienda, convenientemente cerca del estudio del pintor, atraía a hombres que buscaban ver o participar en las peleas. Como en ese tiempo el boxeo público era ilegal en Nueva York, se tenía que organizar un evento privado para que se pudiera dar un combate. La participación se limitaba a los miembros del club, pero de vez en cuando podía competir un extraño, a quien se le otorgaba una membresía temporal y se le nombraba stag; ciervo, en español.



Aunque el boxeo tenía sus detractores, que lo catalogaban como un acto barbárico, sus defensores, que incluían al presidente Theodore Roosevelt, lo consideraban una manifestación saludable de hombría. El cuadro «Stag at Sharkey's» ilustra esta situación de forma magistral. Pintado en 1909, nos muestra tanto determinación como masculinidad y violencia. Por un lado, el cuadro tiene un realismo modernista que nos permite situarnos en el lugar y el momento, pero por medio de la abstracción desenfoca los rostros y le estampa movimiento al lienzo. No sólo es una manera de hacernos mirar con más profundidad, sino que nos encierra en una fracción de segundo. El cuadro nos envuelve, al igual que a la audiencia, curiosos de saber si el forastero gana o pierde el round.





Su dinamismo y cómo genera un persistente deseo de un ganador convierten a esta pintura en una obra maestra inolvidable. No sólo es la técnica, sino también la analogía a la competencia en una ciudad moderna en la que sólo los más fuertes y aptos prosperan. Una descripción de la velocidad que caracterizó al siglo XX —y que parece acelerar sin límite en el XXI— tanto en los cambios tecnológicos y comerciales como sociales. Al que agarra desprevenido, tremendo gancho que le propina.



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