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Andando por la prehistoria

Autor: Adolfo Franco Escamilla Carranza



Bien dicen por ahí que para andar, primero hay que aprender a gatear. Previo a la era de los grandes imperios, sistemas socioeconómicos y descubrimientos científicos, los homininos (es decir, los Homo sapiens y sus ancestros bípedos) tuvieron que atravesar un prolongado periodo de ajustes biológicos, biomecánicos y cerebrales favorecidos por la selección natural durante millones de años.



¿Dónde colocar el principio? Contrario a la opinión general, el gran cambio estructural que marcó un antes y un después para el género Homo no fue la manufactura de las primeras herramientas (hace unos 3.3 - 2.6 millones de años) o el crecimiento del tamaño cerebral, sino el bipedismo, cuyos orígenes algunos trazan hasta hace 7 millones de años.



El bipedismo (caminar en dos pies) fue, a decir verdad, una adaptación bastante improbable. Sus ventajas se ven contrariadas por su favorecimiento de la osteopenia (pérdida de la densidad ósea) y la osteoporosis (debilitamiento óseo que afecta principalmente a la cadera, la columna vertebral y las muñecas). La explicación más fehaciente la brindan los ahorros energéticos asociados a ella, los cuales algunos investigadores colocan en un 75% con respecto al cuadrupedismo y bipedismo de los chimpancés.



Caminar en dos pies liberó las manos y la boca para su uso en otras actividades, abriendo paso a la manipulación de objetos y al desarrollo de un sistema de llamamientos orales. Estos desarrollos requirieron cerebros más grandes. Hace más de 3 millones de años, el volumen cerebral del Australopithecus afarensis era menor a los 500 centímetros cúbicos (cm³). Con el Homo erectus (hace 1.5 millones de años), el volumen estuvo entre los 600 y los 1250 cm³, y en tiempos del Homo sapiens este llegó hasta los 1400 cm³.



Previsiblemente, el consumo de energía cerebral llegó a ser 3 veces mayor al de los chimpancés, y alrededor de 16 veces superior a aquél de nuestros músculos esqueléticos (aquellos que controlamos voluntariamente y no nuestro sistema nervioso autónomo). En términos de metabolismo basal (es decir, de la energía mínima requerida para mantener a nuestro cuerpo vivo cuando estamos en estado de reposo), el cerebro pasó a consumir del 20% al 25%, comparado con el 8-10% en otros primates y 3-5% en otros mamíferos. ¿Cómo compensar este sobregasto de energía en el cuerpo? La teoría predominante explica que la compensación vino a través de la reducción de la masa de otros tejidos intensivos en consumo de energía; en específico, del tracto gastrointestinal. Mientras que los primates no humanos tienen más del 45% de su masa intestinal en el colon (intestino grueso) y 14-29% en el intestino delgado, los humanos eventualmente concentraron el 56% en su intestino delgado y sólo 17-25% en el colon, lo cual es indicativo de una dieta cualitativamente superior, basada sobre todo en alimentos digeribles por el intestino delgado, como carnes y nueces.



En consonancia con esta evolución biológica, las herramientas de las que se valieron nuestros antepasados ganaron complejidad hace alrededor de 1.5 millones de años con la confección de hachas de doble filo y hendedores de piedra. Las lanzas con hojas de piedra más antiguas encontradas hasta la fecha datan de hace 500,000 años, y las armas con proyectiles se estima surgieron hace 90,000-70,000 años. De herramientas como arpones, objetos de cerámica, ropa y canastas tenemos registro desde hace unos 25,000 años.



¿Qué hay del fuego? Tener una idea clara sobre cuándo se utilizó por primera vez resulta, cuando menos, un esfuerzo bastante arduo. La huella de su uso a la intemperie fue borrada por distintos fenómenos ambientales, y los fuegos encendidos al interior de cuevas no proveen evidencia fidedigna, pues otras generaciones de homininos hicieron uso de los mismos lugares a lo largo del tiempo. Mientras que algunas aproximaciones colocan su origen hace 250,000 años, otras van hasta los 1.9 millones de años. Sin embargo, existe suficiente evidencia para afirmar con toda certeza que el uso extendido del fuego imperó desde hace 30,000-20,000 años, cuando los neandertales fueron desplazados por el Homo sapiens en Europa.



Dotados de este repertorio de herramientas, los homininos transicionaron hacia el modus vivendi del cazador-recolector. Cazar, sin embargo, no siempre fue la actividad preponderante. Algunos de los ecosistemas predominantes en los que se desenvolvieron, como los bosques tropicales (ver Figura 1), alojan una rica fauna que incluye monos, reptiles y artrópodos (insectos), mas una buena parte de ellos reside en ramas y copas de árboles cuya altura puede llegar hasta los 30 metros, volviéndolos difíciles de cazar. Algo similar sucede con los frutos y semillas, estas últimas además recubiertas, impidiendo su fácil apertura. En cambio, en praderas templadas y tropicales, la fauna accesible era mayor y las semillas, plantas y frutos estaban al alcance de la mano.



Figura 1. Elaboración propia basado en mapa de Maulucioni (Wikipedia)


La cacería-recolección siguió siendo común ―durante cientos y, en ocasiones, hasta por miles de años― después del nacimiento de la agricultura, hace unos 11,500-10,000 años. Esto tiene sentido si se considera que los retornos calóricos netos de la agricultura fueron, en un principio, usualmente menores a aquellos de la recolección y cacería (el trigo, por ejemplo, tiene una densidad calórica 80% menor a la de las nueces). A pesar de ello, la agricultura abrió paso a una mayor estabilidad alimenticia y, eventualmente, a mayores densidades poblacionales.



El nomadismo pastoralista fue una buena alternativa para aquellas temporadas de escasez de lluvias que obstaculizaban la agricultura. De hecho, la domesticación animal comenzó casi a la par que la domesticación de las plantas, hace unos 10,500 años. Desde el punto de vista energético, el pastoreo entrañó muy bajo desgaste. Un pastor en el Este de África, por ejemplo, puede pastorear hasta 100 camellos, 200 vacas y 400 ovejas/cabras. Dos pastores a caballo en Mongolia pueden pastorear hasta 2,000 ovejas, y un niño y un adulto pastores pueden entre 400 y 800 ovejas en Turkmenistán.




El nomadismo, no obstante, nunca logró soportar densidades poblacionales (habitantes/kilómetro cuadrado, habs./km²) mayores a las de los agricultores sedentarios, con quienes aquellos se veían en la necesidad frecuente de hacer intercambios comerciales…o invadir. Mientras que, en Mesoamérica, por ejemplo, el cultivo de maíz permitía densidades de 60 personas por kilómetro cuadrado (habs./km²), el nomadismo pastoralista permitía en el Este de África 0.8-2.2 habs./km².



Si bien la transición del bipedismo a la confección de herramientas y la cacería-recolección fue bastante extensa para nuestros estándares contemporáneos, aquella de la agricultura hacia las primeras civilizaciones fue mucho más veloz. Como mencioné al comienzo, bien dicen que para andar, hay que aprender a gatear. Mas me pregunto qué sucedería si avanzáramos la película del devenir humano otros tantos millones de años. Con toda nuestra ciencia y tecnología actuales, ¿no estaríamos hoy apenas aprendiendo a gatear?



 


Aprende más:

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Fuentes:

Cleveland Clinic. (1 de septiembre de 2021). Skeletal Muscle. Último acceso: 20 de septiembre de 2023. https://my.clevelandclinic.org/health/body/21787-skeletal-muscle#:~:text=Skeletal%20muscles%20comprise%2030%20to,how%20and%20when%20they%20work.

Smil, V. (2017). Energy and civilization: A history. The MIT Press.

Wikipedia. Brain size. Último acceso: 16 de septiembre de 2023. https://en.wikipedia.org/wiki/Brain_size


Figuras e imágenes

Wikipedia. Latitude zones. By Maulucioni - Own work, according File:World map torrid.svg & File:World map indicating tropics and subtropics.png, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37328841








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