Argo: Escapando de la revolución

Actualizado: hace 6 días

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Las calles de Teherán estaban infestadas de manifestantes, cientos de gritos inteligibles exigían un cambio de régimen, de vez en cuando un “Abajo el sha” resaltaba de entre todo aquel aire bullicioso, acompañado por una bandera estadounidense ondeando en llamas. Era el año de 1979, y una revolución amenazante se posaba sobre el cuerpo diplomático de los Estados Unidos en Irán. Las rejas de la embajada se doblaban por el peso de hombres y mujeres enfurecidos que deseaban entrar para cobrarse justicia con sus propias manos, volviendo evidente lo inevitable: el personal del servicio exterior estadounidense debía escapar o ser capturado.



Los seguidores islamistas del líder revolucionario iraní, el Ayatolá Jomeini, exigían el regreso de su rey, el sha Mohammad Reza Pahlavi, quien estaba siendo tratado de cáncer en Estados Unidos, para que fuera juzgado y ejecutado por alta traición. Los cargos contra el monarca se remitían a 1953, cuando él, junto con la CIA y el MI6 británico orquestaron un golpe de Estado para hacer a un lado al primer ministro Mohammad Mosaddegh, en aras de revertir la nacionalización petrolera que éste último había puesto en marcha. La solicitud iraní fue denegada por los Estados Unidos, el sha nunca volvió y, en respuesta, la embajada fue tachada por los revolucionarios como un nido de espías.



Jomeini pronto emitió una declaración apoyando la toma de la embajada y legitimó el hecho llamándolo “la segunda revolución”. Tras la aprobación del líder revolucionario, la inviolabilidad legal de la embajada se desmoronó en un santiamén, sus rejas cayeron y la turba furiosa se abalanzó hacia las ventanas del edificio, desde donde un grupo temeroso de diplomáticos veían la recreación de su peor pesadilla. Los esfuerzos por disipar a la turba furiosa con humo y gas pimienta fracasaron, las ventanas fueron destrozadas, la multitud consiguió entrar y corrió por los pasillos buscando a los funcionarios estadounidenses. Deseaban rehenes con los que poder negociar la devolución del sha; sesenta y seis diplomáticos fueron capturados y solo seis pudieron escapar, aunque sufriendo más tarde el asecho de la Guardia Revolucionaria.




Evadiendo los peligros de las calles de Teherán, Robert Anders, Cora Amburn-Lijek, Mark Lijek, Joseph Stafford, Kathleen Stafford y Lee Schatz consiguieron la protección de los diplomáticos canadienses Ken Taylor y John Sheardown. Mientras tanto la CIA puso en marcha una de las operaciones de extracción más descabelladas de la historia, la llamaron “Operación Argo”.



La idea era todo menos simple. Tony Méndez y su socio llamado “Julio”, ambos expertos en extracciones de alto riesgo en territorio enemigo, crearon una cortina de humo equiparable a la de un gran ilusionista. Con el financiamiento del gobierno, la experiencia en espionaje de la CIA y los encantos de una extravagante filmación hollywoodense, comenzaron a producir la película Argo.



Establecieron una oficina en Sunset Gower Studios en Sunset Boulevard, llamada "Studio Six Productions", apelando a los seis objetivos de su rescate. Colocaron anuncios publicitarios en Hollywood, prepararon tarjetas de presentación falsas, realizaron una fiesta cinematográfica en un club nocturno de Los Ángeles y publicaron los primeros anuncios de la película en las revistas de la industria Variety y The Hollywood Reporter. La fachada estaba lista en Estados Unidos, solo quedaba preparar el terreno iraní para el rescate.



[Imagen 1] Afiche de la película Argo creado por la CIA / [Imagen 2] Sha Mohammad Reza Pahlavi / [Imagen 3] Ayatolá Jomeini / [Imagen 4] Diplomáticos estadounidenses en fuga


En colaboración directa con el gobierno canadiense, se emitieron pasaportes falsos para cada uno de los seis diplomáticos que estaban refugiando. ¿La razón de salida de los nuevos ciudadanos canadienses en Irán? Haber terminado de buscar lugares con sensación de Medio Oriente para el rodaje de “Argo”. El “equipo” del “director” había terminado su labor y deseaba volver a casa la única verdad fuera del montaje —.



Con temores de ser sorprendidos por las fuerzas revolucionarias, el 27 de enero de 1980, Méndez, "Julio" y los seis diplomáticos estadounidenses, que viajaban con pasaportes canadienses reales, lograron pasar fácilmente el control de seguridad en el Aeropuerto Internacional Mehrabad de Teherán. Para solo después descansar en la seguridad del vuelo 363 de Swissair con destino a Zúrich, Suiza. La esperanza de volver a casa por fin se cumplía.



Más tarde, la CIA condujo a los seis diplomáticos desde Suiza a la base aérea estadounidense Ramstein en Alemania occidental, para de allí volar sobre el Atlántico hasta llegar a la base de la fuerza aérea de Dover en Delaware. Tomó un año más para que el régimen revolucionario iraní liberara a los demás rehenes estadounidenses el 20 de enero de 1981, marcando por siempre la compleja relación entre Irán y los Estados Unidos, así como estrechando aún más la amistad entre estadounidenses y canadienses quienes, cabe destacar, también cerraron su embajada para volver a Canadá.



La crisis de los rehenes duró 444 días de verdadera incertidumbre, y desde entonces Irán aún permanece con un gobierno emanado de una revolución islámica que cambió el tablero de Medio Oriente para siempre. ¿Crees que una reconciliación entre Estados Unidos e Irán aún pueda florecer en el horizonte? o ¿el pasado aún pesa demasiado?


 

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