Calatrava

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Caltrava la Nueva [Imagen 1] y Caltrava la Vieja [Imagen 2]


La frontera que separó durante casi ocho siglos (711-1492) a los reinos cristianos y a las taifas musulmanas en la península ibérica fue siempre cambiante; sin embargo, las tierras marginales fueron continuamente vistas como baluartes entre mundos, habiendo en cada bando una percepción de “tierras retomadas” y de “tierras por retomar”. Por un lado, los reinos de Castilla y León se expandían al sur de las actuales España y Portugal bajo una lógica de “Reconquista”, mientras que, por el otro, califas y taifas de al-Andalus (territorio musulmán) visualizaban una península partida en dar al-islam (tierra del islam) y dar al-harb (tierra de guerra).



Esta percepción del entorno propició la construcción de grandes fortificaciones, castillos e incluso ciudades, en aras de defender una línea fronteriza que evolucionaba con el tiempo. Uno de los castillos en España que mejor reflejan esto es el de Calatrava en la provincia de Ciudad Real. Su origen enraizado en un pasado musulmán puede encontrarse en la etimología árabe de su nombre, el cual se deriva de Qal'at Rabah (قلعة رباح) o fortaleza de “rábida” palabra árabe (ribāṭ - رباط) que significa estación musulmana dedicada a la piedad y la guerra santa (ﺟﻬﺎﺩ‎ - ŷihād). Por lo tanto, desde sus orígenes este edificio contaba con un uso doble adhoc a los intereses del momento, uno de defensa militar y otro de oración, siendo probable una mezquita en su interior.



Arrebatado a los árabes por Alfonso VII en 1147, el rey de León quiso asegurar la defensa del castillo y lo entregó en 1150 a la Orden del Temple, una de las instituciones monástico-militares católicas más poderosas de la Edad Media; no obstante, ante el empuje de los recién llegados almohades del Norte de África, los caballeros del Temple (templarios) dieron por perdida la contienda y decidieron devolver Calatrava al sucesor de Alfonso, el rey Sancho III.



Ante tal situación, y el inminente peligro que significaba un boquete del tamaño de Calatrava en la frontera, Sancho III reunió a sus notables para ofrecer el estratégico castillo a quien deseara hacerse cargo de su defensa. La sorpresa sobrevino cuando los monjes cistercienses Diego Velázquez y abad Raimundo de Fitero aceptaron el reto. Al igual que los templarios, la orden cisterciense desempeñó un papel protagonista en la Edad Media, aunque no desde la militancia sino desde el ascetismo y su apego a la regla monástica de San Benito, allí la razón del porque su decisión de defender Calatrava ocasionara tanto asombro.


Raimundo Fitero por Miguel Jacinto Meléndez [Imagen izquierda], Cruz de la Orden de Calatrava [Imagen central], Representación de batalla entre moros y cristianos del manuscrito de las Cantigas de Santa María [Imagen derecha]


Diego y Raimundo, poniendo manos a la obra, formaron en poco tiempo un ejército de más de 20.000 monjes y soldados consiguiendo desvanecer los deseos de guerra del enemigo. Aquel año de 1158, la Orden de Calatrava había nacido y con ella el castillo recuperaba su función dual de defensa militar y oración, mas ya no al servicio del dar al-islam sino de la cristiandad, diría el rey Sancho III.



La entonces nueva orden militar de Calatrava fue reduciéndose en número de monjes y creciendo en número de caballeros laicos (fieles no miembros del clero), al punto que el primer Maestre de la Orden obtuvo del Císter y del Pontificado una regla de vida nutrida de las costumbres cistercienses pero moldeada para los laicos. Los caballeros de Calatrava debían entonces de cumplir con la obediencia, la pobreza y la castidad, además de guardar silencio a ciertas horas del día y portar un simple hábito blanco con una cruz, al menos de que les fuese requerido usar su armadura si el momento así lo ameritaba.



Debido a una derrota sufrida frente a los almohades en la batalla de Alarcos, el castillo estuvo en manos de los calatravos hasta 1195. Sin embargo, la finalidad de la orden como avanzada y defensa en los intentos de reconquista no finalizó allí. En una acción valerosa y avivada por la comprensión que tenían de su fe, un pequeño contingente de caballeros calatravos asaltó y se hicieron del castillo de Salvatierra en 1198. Más adelante, y tras la afamada batalla de las Navas de Tolosa, donde los cristianos de Castilla, Aragón y Navarra obtuvieron una decisiva victoria en 1212, el entonces rey castellano Alfonso VIII donó una nueva sede a la orden en agradecimiento: el castillo de Calatrava la Nueva. La orden conservaría este lugar hasta principios del siglo XIX y, para controlar la gran influencia política que adquirieron, los reyes de España, iniciando con Fernando el católico, se hicieron maestres de la orden y los caballeros a ellos respondían.




El periodo de reconquista finalizó y con ello el espíritu bélico de los caballeros calatravos, aunque esto mismo no sucedió con sus miembros, pues hoy en día la Orden de Calatrava permanece entre nosotros de manera honorífica, manteniendo su compromiso inicial de alabanza a Dios y de conservación de la fe cristiana.



Actualmente, las ruinas de Calatrava la Vieja y Calatrava la Nueva aún pueden evocarnos aquellos tiempos de choques fronterizos en la península ibérica, choques provocados por visiones contrarias del mundo que fueron utilizadas por hombres para encontrarse con su prójimo en el campo de batalla y no así en la mesa de la paz. ¿Somos hoy capaces de escrudiñar lo que pensamos hasta alcanzar aquella Verdad que nos lleve al encuentro y no al conflicto con el otro?





Aprende más:


Fuentes:
  • Castro Hernández, P. La guerra del mundo islámico y sus formas de aplicación contra los reinos cristianos. Algunas precisiones conceptuales en torno a las aceifas, algazúas y yihad en al-Andalus(ss. X-XI d.C.), Revista Electrónica Historias del Orbis Terrarum, 2012 https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4099518.pdf

  • García, R. Calatrava, el nacimiento de la primera orden de caballería hispana. O César o nada, marzo 2017 (Última revisión 22 de agosto de 2021) https://ocesaronada.net/la-orden-de-calatrava/



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