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"De Tranquillitate animi"

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Filósofo, político, orador y un prolífero escritor romano. Lucio Anneo Séneca o Séneca el Joven es uno de los filósofos estoicos más renombrados de la antigüedad. Su influencia fue inmensa en pensadores cristianos de la más alta talla, como San Agustín o San Jerónimo, y sus reflexiones sirvieron, tanto para sanar el alma de sus amigos, como el de todo aquel aquejado por la ansiedad de su tiempo. Sin duda, un estoico comprometido con esculpir individuos virtuosos y personas con armonía interior.



Contrario a otros de sus trabajos filosóficos, De Tranquillitate animi” o “De la serenidad del alma”, resultó tener una intención terapéutica para calmar a su amigo Sereno quién, contrario a lo que su nombre podría reflejarnos, se encontraba en un estado de ansiedad y disgusto permanente con su realidad. Por mucho tiempo había compartido el rechazo de Séneca hacia el lujo excesivo, entendiéndolo como un obstáculo para alcanzar la ataraxia o la imperturbabilidad interna, pero algo parecía hacerle dudar:



“Agrádame la cama no adornada con ambición […] Agrádame el manjar que no costó desvelo a mis criados […] ; pero después de estar agradado de estas cosas, me aprieta el ánimo el ver en otros gran cantidad de pajes y esclavos relumbrantes con el oro de las libreas, más bizarras que las de los míos. […] no hallándome tan gustoso entre mis deslucidas alhajas, donde me acometió un tácito remordimiento, dudando si eran mejores las más costosas…”


Séneca el Joven por Lucas Vorsterman I (1638)


Tras externar el estado inestable de su alma, Sereno pidió a su amigo algunas gotas de sabiduría que renovaran la frescura de su alma como rocío de mañana; a lo que Séneca respondió diciendo:



“Esto mismo has de entender de los pobres y de los ricos que sienten un mismo tormento: porque estando los unos y los otros asidos al dinero, no puede arrancárseles sin dolor; pero como tengo dicho, más tolerable es el no adquirir que el perder: y así verás que viven más contentos aquellos en quien jamás puso los ojos la fortuna que los otros de quien los apartó[...]”



Séneca le sugería volver la mirada a las bondades de una vida austera. Una existencia equilibrada entre la escasez y la opulencia. Un justo medio de naturaleza aristotélico que expresó diciendo:



“[…] de la misma suerte es más seguro aquel estado que ni llega a la pobreza ni con demasía se aparta de ella.”



De acuerdo a esta visión estoica, la ataraxia (ἀταραξία) debe primero brotar de la austeridad, para una vez hecha vida pueda de ella desprenderse la templanza, la previsión y el razonamiento; todo ello capaz de envolvernos en una atmósfera idílica de paz, que no solo se traduce al campo de lo material sino también de lo inmaterial, tal y como lo es el tiempo. Séneca reconocía las bondades detrás del “Carpe Diem” que el poeta romano Horacio regaló al mundo. “Aprovecha el día”, le recordaba a Sereno diciendo:




Unos usamos de él [el tiempo] con templanza y otros con prodigalidad: unos le gastamos en tal forma que podemos dar razón, otros sin que nos queden reliquias de él, por lo cual no hay cosa más torpe que ver un viejo de mucha edad que, para probarlo, no tiene otro testimonio más que los años y las canas.


Todos nacemos con el regalo divino del tiempo, y lo único que se nos pide a cambio es decidir qué hacer con él; en qué enfocar nuestros esfuerzos y talentos:



“[…] El que no puede militar, aspire a honores civiles; si ha de pasar vida privada, sea orador; si le imponen silencio, ayude a sus ciudadanos con abogacía; […] ¿Será bueno que no quieras militar si no te hacen general o tribuno? Si otros están en la primera frente, y la fortuna te puso en retaguardia, pelea desde ella con la voz, con la exhortación, con el ejemplo y con el ánimo.”



Da lo mejor de ti con el tiempo que se te ha dado, el lugar que se te ha confiado y el espacio de acción que la fortuna te ha otorgado. Pero una vez que emprendas haz de terminar lo propuesto, Séneca agregará estas palabras a su amigo diciendo:



“ […] Sólo has de poner mano en aquellas cosas que esté en tu voluntad el hacer, o esperar que tengan fin, dejando las que se extienden a mayor latitud, sin poder terminarse cuando propusiste.”



Todos contamos con variables fuera de nuestro control como el futuro, las inclemencias del tiempo, o las opiniones y las voluntades ajenas. “Todos estamos atados a la fortuna; pero la cadena de unos es de oro y floja, la de otros estrecha y abatida”, dirá Séneca. Ciertamente a unos los enlazan y encadenan las honras, a otros las riquezas o la nobleza, incluso a muchos los puede oprimir la escasez material o la autoridad sobre sus cabezas, por ello conviene contrarrestar esto hallando lo bueno y amable de nuestro estado, así como procurar modificarlo en la medida de lo posible, sin extender nuestros deseos más allá de lo alcanzable en un tiempo apropiado. Y mientras llega aquello que anhelas, no dejes a la frustración amargar tus días, antes bien no juzgues por malo lo que tienes y aléjate de la envidia. En palabras de Séneca a Sereno:



“En cualquier estado de vida hallarás anchuras, gustos y deleites, si te dispusieses primero a querer no juzgar por mala la que tienes, no haciéndola sujeta la envidia. […] abrace sus cosas en cuanto fuese posible, abstrayéndose de las ajenas”



Conviene pues, querido lector, de acuerdo a la sabiduría del pasado, el rodearnos de amistades que enaltezcan la virtud sobre el placer; en perseverar por hacer el mejor uso de nuestro tiempo; el no vivir con pasiones desordenadas; y a reconocer el justo medio, así como la austeridad, en nuestro día a día.

Y tú ¿qué opinas? ¿Séneca tenía razón?





 


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