El mejor consejero del emperador

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Una pieza de marfil tallado del Museo Pushkin que representa

a Cristo bendiciendo al emperador Constantino VII.


Un hijo sabio hace feliz a su padre y un padre afectuoso se deleita en un hijo prudente.

Constantino VII



Estas palabras de Constantino VII (905-959 d.C) reflejan, por mucho, la intención con la que este emperador bizantino escribió su obra “De Administrando Imperio”, un compilado de experiencia inigualable en el arte de gobernar que transmitió a su hijo Romano II antes de morir. Deseaba darle el mejor comienzo con todos los consejos que pudieran colmarlo de prudencia y destreza para su reinado.



El contenido de este libro era en sí mismo una apreciación honesta del delicado equilibrio que permitía la existencia del Imperio bizantino entre el prominente Imperio árabe que lo amenzaba por el sur, las peligrosas tribus eslavas de la “Rus de Kiev” y los húngaros al norte, los ambiciosos venecianos al oeste y los ambivalentes armenios al este, quienes un día podían ser amigos pero al otro enemigos. No obstante, de entre todos estos pueblos, la relación sobre la que más hizo incapié Constantino VII fue la que se sostenía con los pueblos del norte, pues reflejaba la preocupación regional del momento: el choque con el mundo nómada.



Hacia el siglo X d.C el problema fundamental de la seguridad del Imperio era frenar el avance de los pueblos nómadas manteniendo en paz la línea costera del mar Negro y las llanuras del Danubio, para lograrlo el experimentado emperador sugirió a su hijo conservar alianzas y disuadir al enemigo. Por un lado, lo exhortó a nutrir la amistad con los pechenegos, un pueblo seminomada que fungía como amortiguador frente a los intentos expansionistas de los rus:



“Para los pechenegos, si ellos están ligados en amistad con eI emperador y están ganados para él, a través de promesas y regalos (de los cuales su codicia no tiene límites), pueden fácilmente ir contra los rus […] y asolar sus territorios.”



Mientras que por el otro, le comentó la importancia de generar una cadena de amenazas políticas y militares que inmovilizaran los intentos de las tribus de coordinarse en contra de Bizancio. A esta combinación política de alianzas y amenazas, Constantino VII dio una sugerencia adicional para su hijo donde lo instruyó en la delicada práctica de los regalos oficiales y las visitas de representantes imperiales.



“Es una gran ventaja para el emperador […] concluir acuerdos y tratados de amistad con ellos (tribus) y enviarles cada año, por nuestra parte, un agente diplomático con presentes y cosas de interés para esa nación…”



Ahora bien, la idea es que tanto el regalo como la visita fueran a su vez acompañados del sentido divino que legitimaba al emperador bizantino, el cual recordó a su hijo diciendo:



Tu trono será como el sol ante Él [Dios], y sus ojos te estarán mirando y ningún daño te traerá, porque Él te ha escogido y preparado para esto (el gobierno del Imperio).



Desde la visión imperial bizantina, el derecho divino para gobernar se remitía a la conversión de Constantino el Grande (272-312 d.C) al cristianismo y desde allí los elementos que adornaban la figura imperial también llegaron a poseer un sentido de legitimidad religiosa. Siempre que algún pueblo extranjero servía a los intereses de Bizancio era recomendable enviarles telas de vestimenta real, paños ceremoniales o diademas con joyas que los nómadas llegaron a conocer como ”Kamelaukia” y que los emabajadores bizantinos embellecieron aún más añadiéndoles una naturaleza suprahumana. Más puntualmente, los enviados del emperador explicaban que las diademas no eran fruto del trabajo humano, sino que en realidad fueron entregadas por los ángeles de Dios y que al igual que los paños y demás telas que el emperador regalaba no debían de usarse todos los días, sino solo en las grandes ceremonias religiosas públicas dedicadas al Señor. Con esta interepretación y la difusión del cristianismo en el extranjero, se esperaba armonizar una región hostil donde el emperador bizantino pudiera ser respetado desde el “favor” que se decía Dios tenía con él.



Mapa del Mediterráneo y Europa Oriental, incluyendo el Cáucaso s. X-XI d.C


Pero no dejando la prudencia de lado, Constantino VII le explicó la importancia de conservar una marina fuerte al señalarle cómo en el 941 d.C. una gran flota rus navegó por el río Dniéper hasta desembocar en el mar Negro y alcanzar el estrecho del Bósforo, amenazando directamente a Constantinopla y donde la única arma que logró conseguirles la victoria fue el antiguo y secretísimo “Fuego Griego”, una mezcla sumamente difícil de apagar cuando se le prende fuego y cuyo principal componente era la nafta, un tipo de petróleo extraído solo por Bizancio al sur de Crimea. Sobre esta arma mortal, capaz de terminar con la peor de las amenazas, Constantino VII fue muy claro con Romano II, pues era el as bajo la manga que permitió defender durante siglos al Imperio:



“Similar cuidado y pensamiento (de no cambiar) deberá tomarse (Hijo, no lo olvides) en relación con el fuego líquido que se lanza a través de tubos, de manera que si alguien lo pide o solicita hay que decirle que su composición fue revelada por Dios por medio de un ángel al gran y santo Constantino, quien le exigió que bajo los mayores castigos sólo sería fabricado por los cristianos y sólo en la ciudad de Constantinopla y por ningún motivo deberá ser enviado o prestado a otras naciones



En suma, “De Administrando Imperio” no solo es una obra donde un emperador puso por escrito una detallada forma en la que el Imperio Bizantino articulaba diplomacia, religión, política y guerra, sino que su finalidad es también un claro ejemplo del amor entre un padre y un hijo, donde el padre, en este caso Constantino VII, desea el mayor de los éxitos para su hijo, Romano II, sabiendo a su vez que de éste último dependería el destino de miles:



Porque yo sostengo que mientras el aprendizaje es una buena cosa para todos los gobernados, esto es especialmente necesario para tí, quien estás obligado a tomar la seguridad de todos y gobernar y guiar el buque del mundo a buen puerto.



Y tú, ¿cómo recibes la experiencia de aquellos que llegaron antes que tú?, ¿cómo recibes los consejos de quienes te aman?


Muchas gracias por leer. Te invitamos a conocer una nueva recomendación en "Aprende más" al final de este artículo.


 


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