El pueblo con alas

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Viajemos a una tierra inhóspita. El hogar de los hombres que aprendieron a domar tierra y aire para sobrevivir. Te presento a los cazadores con águilas de Asia Central.



Un cazador de águila kazaja, o berkutchi, cría a su ave desde que era un polluelo y la conserva durante 10 años de estrecha amistad y lealtad antes de devolverla a la naturaleza para que anide. En las cordilleras del remoto oeste de Mongolia, lo único que necesita un berkutchi es un caballo fuerte para desplazarse, un perro fiel para cuidar el campamento y un águila real para cazar.



Sayat, la caza con águilas reales, es una práctica muy prestigiosa que data desde la época de los kanes mongoles. Considerada la más feroz de las aves, tiene una envergadura de dos metros, garras afiladas y la habilidad de abalanzarse sobre sus presas a 150 kilómetros por hora. Entrenadas por un berkutchi pueden atrapar cualquier animal, desde una marmota hasta un lobo. Mientras más grande sea la presa mayor el prestigio para el domador, quien ha dedicado años de cuidados para lograrlo. Las águilas jóvenes se capturan cuando tienen dos años. Su adiestramiento es una actividad ritual que se ha enseñado oralmente desde los inicios del pueblo kazajo. Inicia con ponerla en una jaula mientras el berkutchi le canta para imprimir su voz en la personalidad del pájaro. Tiempo después el águila es atada por los tobillos con correas de cuero a un bloque de madera. Cuando intenta volar los nudos la hacen voltearse. Después de dos días el águila está exhausta y domesticada. Este inicio, duro como el clima de la región, entabla una relación estrecha entre el águila y su amo, a quien ha aprendido a distinguir entre los demás miembros del clan. El adiestramiento posterior toma entre tres y cuatro años y termina con una águila adulta que puede cazar, entender órdenes y no separarse de su dueño. A partir de ahí el águila, el berkutchi y el caballo trabajan en equipo para sobrevivir en uno de los escenarios más hostiles del planeta.



Aunque las águilas pueden vivir hasta cuarenta años, los cazadores las liberan después de diez. El pájaro es llevado lejos del grupo y el cazador se esconde hasta que oscurezca para evitar que lo siga de vuelta. Este momento es doloroso para ambos, pero es la única manera de liberarlas para que aniden y de esta forma asegurar la sustentabilidad de la especie. Es como si un miembro de la familia se marchara y el berkutchi frecuentemente recuerda con cariño a cada águila que mantiene durante su vida.



La caza con águila es un símbolo cultural de Kazajstán. Incluso la bandera tiene un águila real sobre el sol. Cada año se celebran competencias en Kazajstán, Mongolia y China entre noviembre y diciembre, la época tradicional de caza. Sin embargo, sólo quedan alrededor de 50 cazadores auténticos y evitan las competiciones por darse en áreas concurridas. Esta particular amistad entre humano y águila necesita tierras desoladas para germinar.



Los berkutchi, hombres con rostros quemados por el sol y cortados por el frío, son una raza moribunda. Las nuevas generaciones han ido dejando atrás la vida nómada, instalándose en ciudades que no son adecuadas para un águila real. La vida solitaria que implica este estilo de vida tradicional cada vez es menos atractiva y es una suerte que la práctica aún continúe hoy en día. Sobre todo tras la hambruna infligida por los soviéticos durante la década de 1930 cuando la colectivización forzada de Josef Stalin borró pueblos enteros en el actual Kazajstán. Por fortuna, el gobierno actual intenta reactivar las actividades deportivas nacionales, las cuales incluye la más bella tradición kazaja: Sayat, la cacería con águilas.



Muchas veces la historia de un pueblo no está sólo en los libros, sino en las tradiciones que se pasan oralmente y en las costumbres que se perpetúan dentro de una familia o clan.

¿Qué tradiciones de tu familia forman pilares para la cultura de tu país? ¿De qué manera te las transmitieron?


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