Filósofo a los nueve años

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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¿Cuántas veces has estado frente a una obra de arte y has escuchado la frase «eso lo hace hasta un niño»? Tal vez debemos de empezar a considerar eso como un halago. Aquí una muestra.


Little boy looking at the sea - Edward Hopper


Edward Hopper es uno de esos artistas que te dejan sin aliento. Al igual que Andrew Wyeth , Hopper es un maestro de la soledad, pero, a diferencia de Wyeth, decidió enfocarse en escenas urbanas. Él observó los momentos fugaces de la vida dentro del caos que caracterizó al siglo XX. Este caos tan externo como el de dos guerras mundiales, genocidios y amenazas nucleares, y tan interno como el aislamiento, el consumismo y la incertidumbre, lo puso en pausa en sus pinturas. Pausas necesarias en las que la soledad abre espacio a la reflexión, a los sentimientos; a los secretos del corazón. Con un realismo simple, lo único que queda retratado es la introspección y sus capas de significado. La narración en estas pinturas nos hace querer saber más sobre lo que sucede en el cuadro. Este efecto en cada cuadro no lo consiguió con sólo empezar a dar pinceladas, sino con varios dibujos preparatorios para afinar los detalles: la dirección de la luz, la relación del entorno con los personajes, las sombras que dicen más con lo que ocultan, las posiciones que desenmascaran la reflexión.



Llegar a hacer diseños de tal eficacia y perspicacia le llevó a Hopper varios años de práctica. Aunque, en su caso, el tono reflexivo lo adquirió por lo menos a la edad de nueve años —la frase «eso lo hace hasta un niño» se tiñe de otro significado—. A esa edad realizó al reverso de una boleta de calificaciones este precioso dibujo titulado «Little boy looking at the sea». El niño nos da la espalda con las manos cruzadas por detrás y los pies a centímetros del oleaje, en una postura pensativa, incluso podría decirse que desprovista del juego infantil habitual. Sin duda es una imagen conmovedora, pero dejando a un lado la ternura que produce también revela que los niños son propensos a una lucidez que muchas veces pasamos por alto. Por suerte, los padres de Hopper no lo hicieron.



Hopper nació en una familia de clase media en Nyack, Nueva York, y comenzó a dibujar a los cinco años. Sus padres lo animaron a continuar regalándole una pizarra a los siete años y libros instructivos de dibujo a los diez. Su don era innegable. Al igual que el niño en el dibujo, Hopper pasó gran parte de su infancia y juventud cerca del agua. Su habitación daba al río Hudson y a menudo caminaba por la orilla con un cuaderno de bocetos en el que capturaba barcos atracados. Esos fueron los inicios de los eventuales adultos pensativos en su trabajo posterior.


Nighthawks y Estudio para Nighthawks– Hopper


Hopper produjo verdaderos íconos del arte estadounidense, como «Nighthawks», una belleza con muchos niveles de interpretación ocultos con luces y sombras; o «Morning sun» que te detiene con la mirada fija de una mujer absorta en su propio horizonte. Desde luego, todos precedidos por observación exhaustiva y dibujos minuciosos. Aquí conviene detenernos. En este punto se ve que Hopper y sus personajes tenían algo en común: la pausa reflexiva. Tanto para él como para los protagonistas de sus cuadros las emociones sirven de guía para el juicio; son oasis dentro del caos para poder ver con mayor atino el interior del corazón. El mensaje es el siguiente: La corrección de los pasos a dar, los que van a cortar todo ese caos externo e interno, se da tras la calma, tras la autorreflexión. Tras el análisis minucioso de nuestras motivaciones. Una mirada atrás para afinar el curso.


Morning Sun y Estudio para Morning sun – Hopper


Al igual que la pausa requerida para retrabajar un dibujo una y otra vez para dar en el clavo, hay ocasiones en las que un poco de calma sirve para reevaluar las acciones y reencontrarnos con nuestro propio camino. Uno que tal vez el ruido ha desviado y merece un poco de silencio para trazarse de nuevo. De ahí que el arte de Edward Hopper no pierda validez con el tiempo. No sólo es un ejemplo de recogimiento, sino que también sirve de espejo para nuestros propios sentimientos. Vale la pena recordar a ese niño que veía fijamente al horizonte sobre el agua, reflexionando antes de continuar. Nunca está de más volver a la mesa de dibujo.



¿Qué otros valores le encuentras a la reflexión? ¿Cuál es el papel de las emociones y su educación para guiar esa introspección? ¿De qué manera los mensajes del pasado ayudan a educar esas emociones y el razonamiento para ajustar la senda del futuro?



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Fuentes:

Solly, Meilan. 2017. New Archival Donations Put Edward Hopper’s Life in Sharp Focus. 02 de agosto. Último acceso: 30 de junio de 2022. https://www.smithsonianmag.com/smart-news/new-archival-donations-put-edward-hoppers-life-sharp-focus-180964280/

Stańska, Zuzanna. 2022. Edward Hopper’s Drawings Will Blow Your Mind. 16 de mayo. Último acceso: 30 de junio de 2022. https://www.dailyartmagazine.com/edward-hopper-drawing-famous-paintings/


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