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Fuego perenne

Actualizado: 23 de ago de 2020

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

En tiempos míticos de la antigua Grecia, cuando Zeus hubo derrotado a la vieja estirpe divina de los titanes y a su propio padre Cronos, a dos hermanos titánicos, Prometeo y Epimeteo, les fue asignada la tarea de crear diversos animales para poblar la tierra. Cada animal tuvo asignado un talento, pero hacía falta una criatura a la que le fuera infundado el hálito divino: el hombre. Atenea, hija nacida de la cabeza del dios Zeus y por ello diosa de la sabiduría, se encantó de esta particular creación de arcilla que, aún animada por cualidades animales, carecía del sello del Olimpo; de esta manera la deidad proveyó al hombre del regalo de la sabiduría.


Enseguida, Prometo se percató de la poca comprensión que su creación tenía respecto a los talentos recibidos; hombres y mujeres vivían en la obscuridad, cegados de su potencial. No pudiendo resistir verlos así, el titán tomó un tallo longevo de hinojo gigante y lo acercó a la carroza del sol que salía desde el alba; un nuevo amanecer había iniciado para la humanidad.


De acuerdo a Erwin Panofsky, historiador del arte y ensayista alemán, el fuego dado por Prometeo al hombre representa la claridad del conocimiento infundado en un corazón ignorante. El hombre ha alcanzado hitos civilizatorios desde aquella primera chispa, ha logrado embarcarse en la aventura de conocer, ha superado sus propias perspectivas y ha hecho arder la llama durante milenios. Sin embargo, también se ha equivocado, ha visto los males de los que es capaz, del sufrimiento que puede ocasionar y de los desvíos en la aplicación de su saber.


Prometeo, del griego “pensar-hacia-adelante”, es sin duda aquel anhelo de mejora y progreso insertado en nuestros más profundos deseos, pero ¿acaso hemos olvidado a su hermano Epimeteo, “retrospectiva”? Es su hermano la pausa, el alto y la reflexión del camino andado, la fuerza que hace al péndulo rectificar su dirección y encontrar el equilibrio. ¿No será momento para nosotros de pausar, de volver la mirada atrás, y luego pensar hacia adelante como individuos y sociedad? ¿Qué destino deseamos verdaderamente soñar? ¿Hacia que nuevo horizonte caminar?


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