La línea Durand

Actualizado: ago 26

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

[Imagen 1] Sir Henry Mortimer Durand / [Imagen 2] Abdur Rahman Khan /

[Imagen 3] Mapa de la Línea Durand


Cuando en noviembre de 1893, Sir Henry Mortimer Durand decidió acampar en los bosques asiáticos de Parachindar y allí esperar a los representantes del emir afgano Abdur Rahman Khan, el diplomático británico nunca pensó en el impacto del tratado que estaba por firmar.



Las frías aguas de los ríos Kunar, Kabul, Kurram y Gomal, al igual que las montañas nevadas del Hindu Kush, son tan solo la realidad geográfica de un territorio étnicamente fragmentado y socialmente convulso. Las dos mayorías étnicas que habitan Afganistán son los panyabís y los pastunes, ambos practican mayoritariamente el islam sunní, religión importada durante el expansionismo árabe del siglo VII d.C., pero se distinguen en cultura, lengua y costumbres.



Los choques de esta población local con Occidente pueden remitirse siglos antes de la invasión estadounidense iniciada en el 2001, pues el territorio fue parte del tablero de un “Gran Juego” entre el Imperio británico y el Imperio ruso durante todo el siglo XIX. Ambas potencias compitieron por el control de Asia Central y el Cáucaso en tiempos de la reina Victoria y los últimos zares rusos de la dinastía Románov.



El primer enfrentamiento entre el ejército británico-indio y el emirato afgano en el año de 1839, fue el inicio de un constante intento por alejar la esfera de influencia rusa de las fronteras de la India, no importando si eso implicaba expandir los dominios victorianos sobre panyabís y pastunes. De hecho, el detonador de esta guerra a las faldas de las montañas afganas fue el recibimiento de un incomodo delegado ruso por el emir Dost Mohammad Khan, a quien el gobernador general de la India otorgó un ultimátum exigiendo la expulsión de su visitante zariano. Al no recibir una respuesta convincente, las fuerzas británico-indias marcharon sobre Kabul, la capital del emir, logrando vencer y colocar un gobernante marioneta para hacer de Afganistán un Estado alineado a Gran Bretaña.



No obstante, un levantamiento tribal liderado por Akbar Kan, hijo de Dost Mohammad Khan, provocó una dolorosa y garrafal derrota para los británicos en la batalla de Gandamak, de la cual hubo solo un sobreviviente: William Brydon, cirujano militar.


Los últimos a pie del regimiento 44 en Gandamak, William Barnes Wollen (1898) /

William Brydon llegando a las puertas de Jalalabad, Elizabeth Thompson (1879)


Más adelante, en 1878, ya bajo una India gobernada por la Corona Británica y no la Compañía Británica de las Indias Orientales, las tropas de Sir Samuel Browne y el marajá (rey indio) Sir Pratap Singh se embarcaron en una segunda guerra contra el Emirato de Afganistán. La guerra duró dos años y a diferencia de la última derrota, fue allí mismo en Gandamak donde el emir firmó un acuerdo de paz con Gran Bretaña otorgándoles varias zonas fronterizas.



Sin embargo, y tras una victoria geopolítica por parte de los británicos, Rusia se adentraba cada vez más a las tierras tribales de los pastunes y panyabís afganos. Para contrarrestar la situación y asegurar el paso de Khyber, un paso montañoso que históricamente permitió la invasión de India, la corona victoriana envió a Sir Mortimer Durand para delimitar una nueva frontera con el emirato vecino. Este nuevo límite, llamado Línea de Durand, provocó la división de los pastunes con una mitad de su población al norte de la India británica (hoy Paquistán) y la otra mitad en Afganistán.



En aras de defenderse de Rusia, Gran Bretaña subestimó las diferencias étnicas del territorio y hoy se encuentran grandes cantidades de pastúnes gobernados por panyabís en Paquistán. El temor constante de Paquistán de enfrentarse a movimientos independentistas en favor de un “Pastunistán” libre que carcoma su territorio, le llevó a empoderar a los Talibanes en los años ochentas y noventas para fortalecer una identidad islámica en Afganistán y con ello debilitar el nacionalismo pastún.



Con el respaldo de Paquistán y el armamento que Estados Unidos les proveyó para enfrentar las inmersiones de la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría, los Talibanes se consolidaron como un brazo armado islámico, de mayoría pastún, cuya fuerza y fundamentalismo persisten hasta nuestros días, logrando incluso dominar nuevamente Afganistán tras la reciente retirada de tropas estadounidenses ordenada por el presidente Joe Biden (2021)



Las diferencias étnicas y el fundamentalismo islámico alrededor de la Línea de Durand, han sido enmarcados por intereses regionales como el de Paquistán, o incluso luchas globales como lo fueron el “Gran Juego” de Rusia y Gran Bretaña, incluyendo la “Guerra Fría” de la Unión Soviética y los Estados Unidos, herederos de un mismo conflicto. Sin embargo, ¿son realmente las distinciones étnicas y culturales las que nutren este tipo de enfrentamientos? Al final, estas características no son ocasión de violencia en sí mismas, al contrario, solo lo son cuando nosotros así lo deseamos. Oremos porque la paz vuelva pronto a Afganistán.


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