Pepsi: ¿potencia militar?

Actualizado: 10 nov

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy traigo para ti una historia que sale de los cánones habituales. Conoce cómo una bebida se convirtió en potencia naval.




La Unión Soviética aún estaba por derrumbarse, pero ya había caído ante los encantos de una bebida carbonatada particularmente azucarada y, lo peor de todo, producto de la decadente sociedad capitalista. ¡Y vaya que estaban dispuestos a pagar por el elixir misterioso!



En 1959, dos años después de que la primera prueba de un misil balístico intercontinental obligara a los Estados Unidos y a la Unión Soviética a reevaluar su enfoque de la disuasión nuclear, Richard Nixon y Nikita Khrushchev asistieron a la Exposición Nacional Estadounidense en el Parque Sokolniki de Moscú. Mientras los dos intercambiaban opiniones, el director de Pepsi International, Donald Kendall, decidió romper el hielo ofreciéndoles unas tazas con su refresco. Khrushchev se enamoró de inmediato de la bebida y llegó a un acuerdo para importarla a la U.R.S.S. Pero había un problema: el dinero soviético era inútil fuera de sus fronteras.



Si los soviéticos carecían de divisas aceptadas mundialmente, tenían algo mucho más codiciado: vodka. Estados Unidos mandaba Pepsi y de vuelta traía vodka Stolichnaya, marca propiedad del Estado Soviético, para su reventa en Estados Unidos. Este acuerdo se mantuvo sin problemas hasta que la geopolítica amargó el intercambio en 1980. Los soviéticos habían invadido Afganistán y los estadounidenses respondieron boicoteando todos los productos de origen soviético. Esto incluyó el preciado vodka que Pepsi recibía y comercializaba. En poco tiempo las ventas del destilado cayeron tanto que dejó de funcionarle a la empresa como moneda de trueque. Pero el amor soviético por Pepsi era demasiado fuerte como para dejar que el trato se quedara sin gas. Así que en 1989 se les ocurrió una solución. A cambio del refresco, los soviéticos le ofrecieron a la empresa: una fragata de guerra, un destructor, 17 submarinos y una flota de petroleros. Así, de un día para otro, con este intercambio Pepsi se convirtió en el propietario de la sexta marina más grande del planeta.




Aunque las embarcaciones no estaban en las mejores condiciones —de hecho, estaban en las peores —, el gobierno estadounidense no estaba para nada complacido con que una corporación comandara suficiente poder naval como para enfrentarse a naciones enteras. En cuanto recibió los reclamos Donald Kendall, el director, respondió a ellos como todo un recién nombrado almirante: «Estamos desmantelando la Unión Soviética más rápido que ustedes». Se refería a que no sólo les quitaban armamento, sino que les presentaban uno de los productos del capitalismo.



Eventualmente la Unión Soviética cayó, no necesariamente por las acciones de Pepsi, tras la política Glasnost de Mikhail Gorbachev. (Si no recuerdas bien la historia de la Unión Soviética, no te preocupes, en la sección de «Aprende más» te tenemos un regalo). En cuanto a la armada Pepsi, la marca vendió los barcos a una empresa sueca de reciclaje de chatarra para recuperar el dinero.



Más allá de la anécdota simpática, este episodio histórico nos muestra los resultados del comercio y cómo con éste siempre hay un intercambio de culturas. De esta manera, gracias al comercio se conoce al otro y se evitan conflictos, es decir guerras, al tener intereses comunes. Este punto lo demuestra la ciencia ya que las guerras entre países se han reducido en un 90% desde el siglo XIX coincidiendo con la multiplicación de los intercambios comerciales. Para más información baja a la sección de fuentes.



Por lo pronto, ¿cuál crees que deba ser la actitud internacional hacia el comercio? ¿Se les debería de poner límites a las corporaciones para evitar caer en un exceso inexplorado? ¿Deberían o no tener un papel éstas en la política internacional? ¿Cuál sería?



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