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Vecinos de 200 años

Actualizado: 22 de ago de 2020

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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¿Te aseguraste que nadie te siguiera? ¡Pasa! Hoy tengo algo distinto para ti.

Los años 1723 y 1968 están unidos por un punto geográfico: la calle Brook en Londres.


En 1723, Georg Friedrich Händel llevaba ya más de diez años viviendo en Londres. Según su biógrafo Jonathan Keates, el compositor alemán pudo haber viajado a Londres en 1710, estableciéndose allí en 1712 como espía para el futuro sucesor de la reina Ana, su anterior empleador el príncipe Jorge de Hannover, quien más adelante sería Jorge I de Gran Bretaña. El músico se convertiría en un hombre reconocido que conmovía al público inglés con sus oratorios y que tenía una envidiable relación con la monarquía. Como Director en la Royal Academy of Music, escribió catorce óperas e incluso se le encargó componer la música para la coronación de Jorge II, sucesor de Jorge I, y cuyo himno “Zadok, the priest” ha sido utilizado en cada investidura real desde entonces hasta nuestros días. Para 1723 se mudó al número 25 de Brook Street, y viviría ahí hasta su muerte, habiendo pasado de un buen compositor alemán a uno de los ciudadanos británicos más afamados de la historia y convertirse en un representante icónico de la música de las islas británicas.


Para 1968, la calle Brook había cambiado mucho. Ese año un revolucionario huésped se hospedaría por un tiempo en el edificio adyacente al que recibió a Händel en 1723. El número 23 de Brook Street fue el lugar en el que Jimi Hendrix viviría una de sus etapas musicales más intensas en el Reino Unido. El músico estadounidense proveniente de Seattle, había viajado a la capital británica en 1966 en busca de consolidar una carrera como guitarrista. Considerado uno de los mejores músicos de la historia, Hendrix fue admirado por virtuosos de la guitarra como los ingleses Jeff Beck y Eric Clapton. No sólo se convirtió en un referente para el mundo de la música, sino también para toda una subcultura hippie que unió a la juventud de los años 60s bajo nuevas normas sociales que modificarían para la posteridad a la conservadora sociedad británica así como la historia del rock en todo el mundo.


Es así como dos vecinos separados por más de doscientos años emigraron a la capital inglesa y, por medio de su trabajo y arte, pudieron transformar por completo la manera de percibir la realidad de toda una nación. ¿Será que muchas veces un extranjero nos puede hacer ver las cosas de manera diferente? En realidad, ¿qué es lo que nos hace unirnos como sociedad, si estos dos músicos nos demuestran que no es la nacionalidad sino ciertos elementos de la expresión humana? ¿Qué se requiere para que algo que no aceptamos como propio luego lo volvamos parte inherente e incuestionable de nosotros mismos?


Para reflexionarlo, aquí te dejo una partitura original de Händel. Es parte de su oratorio “El Mesías”, la grabación a la sección correspondiente y, sólo por que sí, una de las canciones más famosas de Hendrix. Disfrútalas…


Händel, El Mesías (HWV 56), Parte I, 9. “Air (Contralto) and Chorus- O thou that tellest good tidings”:

YouTube: http://bit.do/fg2a7

Spotify: http://bit.do/fg2bP

Amazon Music: http://bit.do/fg2cC

Hendrix, Voodoo Child (Slight Return):

YouTube: http://bit.do/fg2c6

Spotify: http://bit.do/fg2ds

Amazon Music: http://bit.do/fg2dQ


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Fuentes



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