Vencer sin violencia

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Este artículo es el número 100 que publico en Compass. Guiándote por la Historia. Por ello, quiero compartir una historia de cambio para ejemplificar el poder de aprender de la historia que nos toca vivir.


Morihei Ueshiba


Morihei Ueshiba nació el 14 de diciembre de 1883 en Tanabe, Japón. Desde pequeño se sintió fascinado por los ritos budistas y ansiaba convertirse en monje. Su padre, en cambio, no aprobaba este camino y lo animó a practicar natación y sumo. Ese fue el primer contacto de Morihei con el entrenamiento físico, aunque nunca dejó a un lado su interés por la espiritualidad.



Al crecer comenzó a trabajar en la oficina de impuestos de Tanabe, pero en 1902 renunció por negarse a administrar una nueva ley fiscal que consideró injusta y que perjudicaba a los agricultores y pescadores de la región. Incluso se convirtió en el líder de un movimiento de protesta contra esa ley. Se mudó a Tokio y abrió una tienda de suministros. Durante ese tiempo comenzó a estudiar ju-jutsu tradicional y kenjutsu, artes marciales en las que basó su filosofía de vida. Tras un año en Tokio, terminó volviendo a Tanabe por problemas de salud y se casó con una amiga de la infancia, Itokawa Hatsu.



La relación política entre Japón y Rusia se había vuelto más tensa tras la guerra sino-japonesa de 1894 y un enfrentamiento bélico entre las dos naciones se desató en 1904. Para entonces Morihei se había alistado en el ejército y fue enviado como cabo al frente en Manchuria. Al volver a Japón como sargento por su valentía, renunció para dedicarse de lleno al entrenamiento de judo y ju-jutsu. Deseoso de mejorar el entorno en el que él y su comunidad vivían, reclutó voluntarios para asentarse en la isla de Hokkaido, un territorio que el gobierno japonés quería poblar. En 1912 emigró liderando a ochenta personas, pero en 1919 su padre enfermó gravemente y tuvo que volver a Tanabe. En el camino visitó a Onisaburo Deguchi, el líder de Ōmoto, una nueva religión al margen del sintoísmo. Conocerlo lo impactó profundamente y gracias a sus enseñanzas pudo afrontar mejor la muerte de su padre. Se unió a la nueva religión y junto con su familia vivió cerca de Onisaburo durante ocho años. Durante este periodo abrió su primer Dojo —escuela de entrenamiento marcial—, y su enseñanza tomó un carácter más espiritual. Adoptó las técnicas aprendidas durante años y le añadió conceptos espirituales para unir cuerpo, mente y espíritu. A su estilo le llamó Aiki-Bujutsu.



Durante la década de 1920, Onisaburo tuvo la idea de fundar en Mongolia una nueva ciudad basada en sus creencias. Morihei se unió al proyecto, pero en el camino los arrestaron tropas chinas. Morihei, Onisaburo y otros cuatro fueron condenados a muerte y se necesitó la intervención del cónsul japonés para liberarlos y regresarlos a Japón. Esta experiencia tan cercana a la muerte lo cambió y le hizo sentir que su misión marcial requería enfocarse en alejarse de la violencia. Fue un punto crucial para las bases de su técnica y cambió el nombre de Aiki-Bujutsu a Aiki-Budo; es decir, de técnica marcial de unión de la energía, a camino marcial de unión de la energía. Un estilo de autodefensa que se alejaba de la violencia. Su estilo llamó mucho la atención y le ganó muchos alumnos, incluso en el gobierno y el ejército imperial. Sin embargo, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, un estudiante tras otro dejó a Morihei para ir al frente. Furioso porque a las mismas personas a las que había tratado de enseñar sobre la armonía ahora eran imprudentes dispuestos a matar, Morihei se alejó de las ciudades y se estableció en Iwama. Al ver los horrores que se vivieron durante la guerra, tomó la decisión de cambiar de nuevo su estilo de defensa y con ello el nombre. De Aiki-Budo a Aikido, el nombre con el que hoy se le conoce, el camino de la unión de la energía. Una nueva forma de autodefensa enfocada en controlar la fuerza del oponente y neutralizar su ataque. El control es la base del Aikido, la única manera de vencer a un oponente sin violencia —a diferencia de otras artes marciales— y defenderse sin lastimarlo. Tras años de estudio, Morihei Ueshiba desarrolló la idea de hacer movimientos circulares para atrapar la energía del ataque y guiarla hacia la rotación. Mientras esto sucede el oponente pierde su centro de gravedad y por ende su fuerza.



Después de la guerra, las artes marciales en Japón fueron prohibidas por la ocupación estadounidense. Sin embargo, el Aikido, debido a su énfasis en la paz, sí se permitió e incluso varios soldados estadounidenses lo practicaron. Morihei continuó dando demostraciones y clases hasta su muerte el 26 de abril de 1969, a los 86 años. Su hijo, Kisshomaru Ueshiba continuó difundiendo el Aikido y hoy es el nieto de Morihei, Moriteru Ueshiba quien lidera la organización que promueve la enseñanza del Aikido en todo el mundo.



Después de haber vivido la violencia de dos guerras, Morihei Ueshiba decidió que su filosofía debía ser alcanzable para todos. Su misión en la vida fue enseñar Aikido y difundirlo por todo el mundo. Estaba convencido que si todos los seres humanos lo conocieran aprenderían sobre la armonía y crearían un mundo sin violencia. Por eso, todos los aikidokas hoy le llamamos, O-Sensei, el gran maestro.



¿De qué manera podemos renfocar las cosas malas que nos suceden y crear algo bueno? Una de las razones por las que se estudia la Historia es para entender el pasado y construir un futuro mejor aprendiendo de los errores y buscando corregir sin olvidar. ¿Cuál es la importancia de no pelear contra el pasado sino volverlo propio y avanzar hacia algo mejor? ¿Qué otras filosofías conoces que sirvan para mejorar con base en lo sucedido?



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