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Cortando otro siglo

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Pasa, que hoy tengo para ti uno de los tesoros perdidos más valiosos de Oriente. Una historia militar que ha vivido durante siglos y que aún está por terminar de escribirse.



En 1561, durante la batalla de Kawanakajima, el general Honjo Shigenaga se enfrentó a un samurái de su mismo rango que blandía una de las katanas más míticas de Japón. Este general desconocido tenía una espada Masamune, nombre del herrero espadero más reconocido de la historia. En la batalla, el general partió el casco de su oponente por la mitad, pero no llegó a matarlo, lo que le dio suficiente tiempo a Honjo Shigenaga para derrotarlo. Así, como marcaba la tradición, se apropió de la espada de su enemigo y le dio el nombre que hasta hoy tiene esa espada: Honjo Masamune.



Gorō Nyūdō Masamune fue un herrero espadero durante el siglo XIII y XIV, el periodo Kamakura, cuando la clase samurái aumentó más drásticamente su poder en la sociedad japonesa. Las espadas de Masamune eran las mejores de la época gracias a las innovaciones que logró hacer para aumentar la resistencia, flexibilidad y filo de sus hojas. Estas innovaciones hicieron que sus espadas perduraran siendo usadas en combates más de 300 años después, como la batalla de Kawanakajima.



Honjo Masamune acabó en manos del shogunato Tokugawa, la dinastía militar que gobernó Japón desde 1600 a 1868. El histórico sable llegó hasta Iemasa Tokugawa uno de los descendientes de la dinastía cuando su gobierno ya había sido abolido a favor del emperador Meiji, y para 1939 era un tesoro nacional.



Tras la rendición de Japón durante la Segunda Guerra Mundial, el general estadounidense Douglas MacArthur decretó una serie de restricciones que incluían la confiscación de armas tanto a militares como a civiles. A pesar de que rendir las armas era humillante y de que MacArthur no se había percatado que sus órdenes destruirían valiosas reliquias, Iemasa, Presidente de la Cámara de los Pares de Japón, decidió dar el ejemplo y entregó la colección de espadas de su familia, incluyendo a Honjo Masamune. En enero de 1946, la comisaria de Mejiro entregó las armas incautadas al sargento Coldy Bilmore. A partir de ahí se perdió la pista del icónico sable, principalmente porque Coldy Bimore no existe en los registros debido a que es un error de captura.



Honjo Masamune aún es un sable perdido que espera ser recuperado por el gobierno de Japón. Aunque existe la terrible posibilidad de que esta katana haya sido convertida en chatarra, aún hay esperanza que algún día el sable reaparezca tal y como sucedió con otra Masamune, llamada Shimazu Masamune, en el 2014.



Esta historia nos muestra cómo los decretos sin conciencia pueden llevar a grandes pérdidas que son parte de nuestra historia. ¿Cuántas reliquias se han perdido por falta de conocimiento, por falta de disposición o por simple falta de interés? ¿Cómo podemos continuar vigilando la preservación de aquello que ha formado parte de nuestro pasado?



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