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El arte del detalle

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Los bodegones en el arte suelen tener mensajes ocultos. Tocan temas profundos, incluso aleccionadores, pero con el paso del tiempo y un poco de humor, algunos variaron a detalles tiernos. Hoy tengo para ti uno con gracia.


«Manojo de espárragos» - Manet



Charles Ephrussi nació en la nochebuena de 1849 dentro de una familia acaudalada de banqueros judíos en la Perla del Mar Negro, la ciudad portuaria de Odesa, en aquel entonces parte del imperio del zar Nicolás I. Miembro de la clase alta europea, además de sus lenguas maternas —francés y ruso—, Ephrussi aprendió a hablar con fluidez latín, griego antiguo, inglés y alemán; vivió en las principales capitales del continente y recibió la mejor educación de la época. Así robusteció su afición por el arte europeo. Además, al ser el hijo menor, no debía preocuparse por los negocios familiares. Con tiempo libre para usar a sus anchas y más dinero del que podía gastar, decidió darle a la combinación buen uso y durante un año viajó por Italia reuniendo arte renacentista que llevó con sí a su suite privada dentro del Hôtel Ephrussi en París. Ahí se dedicó a la investigación histórica del arte, participó en las tertulias más sofisticadas de la ciudad, se especializó en Durero, coleccionó netsukes y grabados japoneses, y se relacionó con un grupo de pintores disidentes: los impresionistas.


«El almuerzo de los remeros» - Renoir


Ephrussi curó exposiciones para ellos y adquirió más de una cuarentena de sus obras. Fue tan cercano al grupo que Renoir lo incluyó en «El almuerzo de los remeros» —al fondo, con sombrero de copa y retratado de espalda— y con otro pintor miembro tuvo una anécdota deliciosa que es la que nos incumbe.


Édouard Manet le vendió por ochocientos francos una pintura de un manojo de espárragos. El cuadro, inspirado en los bodegones holandeses del siglo XVII y con una exquisita mezcla de malvas y grises, le gustó tanto a Ephrussi que le envió al pintor mil francos en lugar de los ochocientos pactados. Manet, elegante e ingenioso, le pintó otro cuadro con un único espárrago para completar la compra y se lo envió con una nota: «Faltaba uno de su manojo»


«El espárrago» – Manet


Manet reconoció en Ephrussi a un hombre sensible al arte, capaz de saborear el refinamiento en la sencillez y la belleza sutil oculta en lo cotidiano. Una de las enseñanzas que el impresionismo se dedicó a promover y que nos viene bien recordar de vez en cuando. Sobre todo, porque dicha belleza nace de detalles humanos, de acciones conmovedoras.


¿Qué otros cuadros sencillos despiertan en ti esa ternura? ¿También su belleza germina desde una porción de humanidad?


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Recuerda que la cultura es una cadena que debes proteger y a la que debes sumar. Por favor no la rompas por apatía.



 


Aprende más:

Si te gustó este artículo, seguro te encantará nuestro curso: ¿Cómo ver una pintura?


Fuentes:

Harris, Elatia. 2014. The Story of Edouard Manet and the Bunch of Asparagus. 01 de junio. Último acceso: 27 de abril de 2023. https://www.theramblingepicure.com/the-story-of-edouard-manet-and-the-bunch-of-asparagus/

Musée d'Orsay. 2023. L'Asperge. 05 de abril. Último acceso: 27 de abril de 2023. https://www.musee-orsay.fr/en/artworks/lasperge-1134

Sorensen, Lee. 2023. Ephrussi, Charles. Último acceso: 23 de abril de 2023. https://arthistorians.info/ephrussic



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