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Grutas de gigantes

Actualizado: 23 de ago de 2020

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea



En tiempos de la dinastía Han, hacia el siglo III a .C , las inmersiones comerciales propiciaron el contacto entre la sociedad confuciana de China y el budismo del subcontinente indio; alcanzando un grado de mayor intercambio al consolidarse la antigua Ruta de la Seda en el siglo I a.C.


Mayoritariamente dominado por tribus nómadas de las estepas de Mongolia, el norte de China fue conquistado y unificado en el 386 d.C por el clan Tuoba de la Confederación Nómada de los Xianbei, clan que, al tomar la provincia de Shanxi, adoptó el antiguo nombre de Wei para su propio reino, dando inicio a su propia dinastía.


A pesar de su poder militar y de haber conjugado a los distintos grupos del norte de China bajo su dominio, la estructura tribal nómada de los Wei carecía de una estructura burocrática apropiada para un extenso territorio que corría desde el mar Bohai hasta el árido desierto de Gobi, lo que les hizo orillarse a depender de un servicio civil auténticamente chino. Mas su forma de gobernar no fue lo único que cambió, pues al depender cada vez más de la agricultura y no tanto así del pastoreo y los asaltos nómadas, la sociedad de los Wei se volcó al sedentarismo, favoreciendo la asimilación del estilo de vida de China; un estilo de vida que incluía al budismo.


La unificación del Norte de China bajo su poder, le facilitó a los Wei controlar los principales oasis y centros comerciales que se ubicaban a lo largo del camino a Asia Central. En aprovechamiento de estos puntos de control y del derrame económico derivado de ellos, así como de la ética universalista budista, ideal para una sociedad multiétnica como la suya, los Wei decidieron invertir en hacer del budismo la principal religión en su territorio. A manera de evitar un conflicto de intereses entre la religión y el Estado, se optó por crear una burocracia clerical, paralela a la civil, y ser la propia dinastía quien eligiera a los monjes principales.


Sin embargo, las enormes riquezas y las grandes extensiones de tierras adquiridas por los monasterios budistas volvieron insostenible el apoyo estatal a estas instituciones religiosas, pues drenaban la economía y privaban al Estado de mayores ingresos fiscales; además los chinos nativos, de tradición confuciana, comenzaron a ver de manera conflictiva ciertas doctrinas budistas como el celibato y la vida monástica, ya que atentaban a su concepto de estructura social. El resultado: persecuciones a monjes y creyentes budistas del 446 al 452 d.C


Durante seis años de persecución, el arte budista, su arquitectura y sus libros, fueron destruidos hasta que un repentino cambio de gobierno generó enmiendas bastante generosas, enmiendas que impulsaron el budismo nuevamente, incluyendo el tallado de templos budistas en grutas de laderas montañosas, una tradición india que remonta sus orígenes al siglo III a.C. Como prueba de este renacer budista en China se puede apreciar, al día de hoy, 2,300 nichos, 100,000 estatuas de Buda y más de 2,800 inscripciones grabadas en gigantescos acantilados que forman las majestuosas Grutas Longmen, en Luoyang, China.


¿Cuántos grupos religiosos y humanos han sufrido de persecución y de las peores muestras de deshumanización? ¿Será que algún día lograremos identificar las riquezas civilizatorias que varios de estos grupos han regalado al mundo actual? Sin duda el nombramiento de las Grutas Longmen como patrimonio de la humanidad por la UNESCO es ya un gran avance.


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