¿Quién descubrió Troya?

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Hoy viajaremos a una metrópoli del mundo antiguo: Troya. Conoceremos al hombre que la descubrió y al personaje que le robó el crédito.

La Procesión del Caballo de Troya - Giovanni Domenico Tiepolo


Según la leyenda más aceptada, el descubridor de Troya fue el alemán Heinrich Schliemann, un emprendedor, aventurero, políglota, y arqueólogo aficionado. De acuerdo a sus memorias, su pasión por Troya nació cuando a los siete años su padre le narró la Ilíada con un libro ilustrado. La historia del amor prohibido que ocasionó el derrumbe de una ciudad despertó su deseo por encontrar los restos arqueológicos de Troya y Micenas, los dos grandes enemigos. Para lograrlo primero tuvo que volverse rico para después poder financiar su verdadera pasión.


De Alemania se mudó a Ámsterdam, donde consiguió un trabajo en una oficina de comercio. Ahí descubrió su talento para los idiomas, logrando hablar holandés, español, italiano, portugués y ruso. Haciendo uso de este último, se mudó a Rusia, donde hizo una fortuna vendiendo materias primas para fabricar municiones. Adinerado, viajó a París para estudiar latín y griego antiguo. Con el dinero, los conocimientos y la Ilíada en griego antiguo bajo el brazo, a los 46 años partió a buscar el sueño de su infancia. La leyenda cuenta que, usando la Ilíada como instructivo, Schliemann encontró el lugar específico en donde comenzó su excavación. Con un equipo de 80 trabajadores, a una profundidad de 7 a 10 metros, encontró los restos de Troya: el Templo de Atenea, el altar principal para los sacrificios, la Gran Torre, casas y calles, todo tal como se describe en la Ilíada. Este hallazgo lo coronó como uno de los arqueólogos más importantes de todos los tiempos y sus métodos abrieron un campo nuevo de investigación arqueológica; pero todo indica que esta historia es mentira…


Lo cierto es que, para el momento en que Schliemann inició su expedición, ya había tres posibles regiones en la actual Turquía donde se creía había estado la Troya homérica: Bunarbashi, que incluía a la segunda, Hisarlik —favorecida por los escritores antiguos— y Alejandría Troas. Schliemann excavó en la primera , aparentemente sin darse cuenta de la posición de Hisarlik hasta que al final del verano de 1868 visitó al arqueólogo Frank Calvert, quien también era el cónsul británico en los Dardanelos y el propietario de la mitad de la colina de Hisarlik. Calvert aseguraba que ahí se encontraba Troya y ya había tratado de excavar en la colina, pero había tenido dificultades para convencer al Museo Británico de financiar la exploración. Ahora tocaba a su puerta un millonario dispuesto a pagar. En 1870 comenzaron las excavaciones con el dinero de Schliemann y los permisos y el personal de Calvert.


La versión de Schliemann—en la que él solo había identificado la ubicación de Troya— permaneció intacta por años, en gran medida gracias a que se dedicó a pregonar su propio mérito retocándolo con detalles románticos que a cualquiera le gustaría creer reales. Lo cierto es que en los últimos años se ha revisado la historia de Schliemann, sus diarios repletos de irregularidades, las discrepancias en su autobiografía, y es innegable que Frank Calvert sabía de antemano la ubicación de Troya y que, en busca de financiamiento, le compartió sus hallazgos de los últimos cinco años y su conocimiento local. Schliemann fue quien, por el bien de su imagen, fabricó la historia romántica de su descubrimiento.


Schliemann ha sido idealizado por muchos años, cuando en realidad no fue más que un hombre extraordinariamente talentoso para vender, ya fueran insumos para municiones o historias de descubrimientos. Un hombre imperfecto que a pesar de ello dejó un legado duradero de información y entusiasmo por la arqueología. Su interés en la realidad física de los sitios de la Ilíada, así como su novelesca historia, logró que muchas personas creyeran posible encontrar las piezas reales de los escritos de la antigüedad. Lamentablemente no admitió la ayuda de Calvert, dejando así entrar un caballo de madera en su legado.


¿Qué opinas tú de Schliemann? ¿Conoces otras historias de arqueología poco convencional?


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