Crisis en el Canal

Actualizado: sep 3

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea


Gamal Abdel Nasser, Presidente egipcio (1954-1970)


Era el año de 1952 en Egipto, cuando el destino de esta nación milenaria cambió para siempre. A las 7:30 am, en un día de verano, una emisora de radio emitió el primer comunicado que dio inicio al golpe de Estado en contra del rey Faruq I. Un ataque encabezado por el militar egipcio Gamal Abdel Nasser, y que dio fin a más de 140 años de una dinastía prooccidental para prontamente remplazarlos por el inicio de una república panarabista de corte socialista; sin duda, una alarma imposible de ignorar en un mundo polarizado por el capitalismo estadounidense y el comunísimo soviético.



La visión de Nasser era diametralmente distinta a la de sus antecesores, su sentido panarabista le hacía visualizar un futuro de unión y colaboración entre Estados árabes más que uno alineado a los intereses de Washington o de Moscú, de hecho, para él estos dos titanes del momento eran solo medios para alcanzar los propios fines de su gobierno; no por nada Nasser sería también el Secretario General del Movimiento de Países No Alineados, una agrupación de países aún vigente y que entonces optaba por la neutralidad en un mundo bipolar.



La no alineación egipcia en plena Guerra Fría era algo sumamente incómodo para potencias occidentales como Estados Unidos y Gran Bretaña. Por un lado, el gobierno británico tuvo que soportar la campaña de Nasser en contra del pacto de Bagdad, una alianza militar entre Irán, Iraq, Pakistán, Turquía y Reino Unido para frenar la influencia soviética en Oriente Medio y sus alrededores. Mientras que, por el otro, a Estados Unidos le molestó la compra de armas de Nasser al bloque soviético y el reconocimiento oficial egipcio a la China Comunista. Las consecuencias de esto eran evidentes: fuga de capital británico y estadounidense, pero principalmente cero financiaciones para la Presa de Asuán.



Aunado al panarabismo, Nasser impulsó una nueva política que denominó nacionalismo socialista árabe, la cual promovía el independentismo árabe y el desarrollo económico patrocinado por el Estado. En este sentido, el Estado estaba obligado a proveer de la infraestructura necesaria para el crecimiento económico de Egipto, obligándole a terminar con las inundaciones que ocurrían en el territorio del bajo Nilo como consecuencia del repentino aumento en el caudal del gran río; la solución, una presa como proyecto estatal cerca de la ciudad de Asuán, al margen del Nilo.



El proyecto era de suma importancia, y dado que Egipto carecía de posibles financiadores tras la abrupta salida de capital estadounidense y británico del país, se decidió entonces nacionalizar el Canal de Suez y hacerse de todos sus ingresos. El 26 de julio de 1956, Nasser dio un discurso en Alejandría durante el cual anunció la nacionalización del canal, palabras que fueron acogidas con entusiasmo por el mundo árabe, pero con gran preocupación por Francia y Gran Bretaña, los dos países propietarios de la empresa concesionaria que lo operaba, entonces conocida como la “Compañía Universal del Canal Marítimo de Suez”.



En aquel momento uno podía ver la guerra avecinarse con paso firme. Francia, Gran Bretaña e Israel, a quien también se le prohibió el paso por el canal, forjaron una alianza para invadir Egipto y derrocar a Nasser. El 29 de octubre de 1956, las fuerzas israelíes avanzaron rápidamente por el Sinaí, desbaratando toda defensa egipcia; un esfuerzo que se vio complementado por el bombardeo aéreo de británicos y franceses a los aeródromos egipcios en la zona del canal. No obstante, la campaña militar no se detuvo ahí, todo lo contrario, fuerzas británicas y francesas desembarcaron en el Puerto Saíd el 5 de noviembre para enfrentarse a un reducido ejército egipcio respaldado por miles de voluntarios armados y avivados por el nacionalismo que el presidente infundió por las calles.


Mapa del Canal de Suez [Imagen 1]/ Barco navegando en los años 50 por el canal [Imagen 2] / Ataque anglo-franco al Puerto Saíd el 5 de noviembre de 1956 [Imagen 3]


La lucha por el puerto y el acceso al canal duró dos días, una batalla que por sí sola cobró la vida de setecientos cincuenta mil egipcios, en pocas palabras, una masacre. Tras el encrudecido escenario vivido en aquellas 48 horas, el presidente estadounidense Eisenhower condenó la invasión y abogó por solucionar el conflicto mediante el repliegue de los coligados y el envío de una Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas al Sinaí. Ahora bien, esta decisión también tenía un rasgo político sumamente claro, ya que los Estados Unidos temían que el panarabismo de Nasser, aunado a una derrota egipcia frente a potencias occidentales, provocase una reacción en cadena donde el mundo árabe optara por estrechar lazos con los soviéticos (URSS).




Tras finalizar los enfrentamientos, los elogios de Nasser a Eisenhower no se hicieron esperar, y mucho menos lo hizo una de las decisiones más trascendentales de la crisis de Suez o Guerra del Sinaí, siendo esta la nacionalización definitiva de la compañía del canal, a partir de entonces administrada por Egipto y renombrada como “Autoridad del Canal de Suez”.



La politización del canal de Suez ha sido siempre parte de su historia, y es que en una arteria comercial como ésta confluyen una inmensa diversidad de intereses; intereses tan amplios que pueden ir desde el Océano Indico, pasando por el mar Mediterráneo, hasta alcanzar las frías aguas del Atlántico y las economías del hemisferio norte. En resumen, el canal nació para ser ambicionado por miles, y es sin duda uno de los grandes legados que Nasser dejó para Egipto, una herencia que hoy acorta el viaje de 50 barcos diarios, permitiendo la transportación de 300 millones de toneladas de mercancías al año. El Canal de Suez es desarrollo para los egipcios y para el mundo.



Y tú ¿conoces más casos donde la geografía se torne en la ambición de todos? ¿cuál será el siguiente punto en el mapa donde colisionen los intereses de los poderosos?



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