El cristal que no dejan romperse

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Pasa que hoy conoceremos el valor del pasado. Por medio de una de las construcciones más hermosas del planeta veremos cómo el pasado puede iluminar la identidad de un pueblo en el presente.



La Saint-Chapelle es sin duda una de las obras góticas más impresionantes. Construida en París durante el reinado de Luis IX, quien pasaría a la historia como San Luis, se diseñó para albergar reliquias de la pasión de Cristo. Para tal misión se requería una obra digna y el resultado fue una obra maestra de la arquitectura y del vitral.



En 1237 Luis IX de Francia recibió una carta del Balduino II de Courtenay, el último emperador latino de Constantinopla, quien, asfixiado económicamente, le ofrecía comprar la corona de espinas de Cristo que Helena, la madre de Constantino I, había adquirido en Jerusalén. Más allá de lo que hoy podamos pensar sobre la autenticidad de dicha reliquia, a partir de ese año el rey francés comenzó a adquirir reliquias de la pasión de Cristo, comenzando por la corona por la que pago en oro más de la mitad de los ingresos anuales de la propiedad real. También compró un trozo de la cruz y nueve reliquias más. Estas adquisiciones aumentaron el prestigio de la ciudad y la convirtieron en una «Nueva Jerusalén».



Este nuevo estatus requería un recinto al nivel de los tesoros religiosos que contenía, así que el Rey decidió construir una capilla en su palacio —Palais de la Cité—, que funcionaría como un relicario gigantesco. Así nació la Santa Capilla. Su construcción duró desde 1241 hasta 1248 y consiste en dos capillas superpuestas. La inferior para el personal del palacio y la superior, donde se resguardaban las reliquias, para el Rey, su familia y el colegio canónico a cargo del servicio religioso. Esta diferencia fue crucial para la concepción del diseño de la construcción. La capilla inferior, poco alta y con menor iluminación, parece más una cripta. Esta sección ha sufrido inundaciones e incluso se usó como almacén siglos después durante la Revolución Francesa. La decoración, no obstante, es suntuosa. Las bóvedas están cubiertas con la flor de lis, el emblema real, enmarcadas con contornos violáceos en memoria de Blanca de Castilla, la madre de San Luis. En contraposición, la capilla superior es majestuosa. A diferencia de la primera, esta está bañada por luz. Diseñada como un relicario monumental donde prácticamente no hay paredes, estas se remplazan por 15 vidrieras de más de 15 metros de altura, compuestas por más de 1113 paneles.



Este diseño no fue casualidad o un mero capricho real, sino que tiene una intención religiosa y, en gran medida, trascendental. Catorce vitrales representan episodios extraídos de la Biblia que se pueden leer de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, dedicando la última vidriera a la historia de las reliquias de la pasión desde su descubrimiento por Santa Elena hasta su llegada a Francia. Estos vitrales se leen en bustrofedón, es decir, serpenteando de izquierda a derecha y luego de derecha a izquierda. Finalmente, el rosetón occidental ilustra el evangelio de San Juan.




La Saint-Chapelle se mantuvo como un símbolo del cénit gótico, pero no estuvo exenta de participar en los grandes acontecimientos que vivió la ciudad durante su historia. En 1358, el futuro rey Carlos V presenció el asesinato de los consejeros de su padre, Juan II, por lo que decidió dejar el Palais de la Cité para asentarse en el Louvre y Vincennes. No obstante, el palacio siguió siendo sede del Parlamento, la Cancillería, la Oficina de Auditoría y la Administración Real, aunque con el paso de los siglos sólo quedó la función judicial y la prisión del Conciergerie. Durante 1630 y 1776 fue dañada por incendios; durante la Revolución, cuando se utilizó como almacén, casi fue destruida. Hasta 1836 fue salvada gracias a la opinión pública, y se restauró entre 1840 y 1863, buscando devolverle su grandeza del siglo XIII. Durante el siglo XX los vitrales fueron retirados para salvaguardarlos de los estragos de las dos guerras mundiales; y durante el siglo XXI ha sufrido los efectos de la contaminación exterior y de la condensación interior producto de la respiración de los millones de visitantes que los admiran anualmente, dos efectos que por fortuna se han controlado con la restauración que se hizo desde el 2008 hasta el 2015.



En cuanto a sus reliquias, estas están esparcidas tras años de distintos gobiernos e intereses. Algunas de ellas se encuentran en el museo del Louvre y el museo de Cluny.



La Sainte-Chapelle, esta impresionante testigo de la historia, es sin duda un tesoro de la humanidad, la expresión más bella del arte gótico y el resultado de un pueblo que no menosprecia su pasado. Después de todo, la luz que entra por estos vitrales aún ilumina el presente con el brillo del pasado gracias a un pueblo que encuentra el valor de su historia.



¿Qué otros lugares conoces que sean un exponente de una corriente artística? ¿Cuál es el efecto que tiene un patrimonio cultural sólido en una sociedad moderna?



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