La batalla de los tres Emperadores

Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

La bataille d'Austerlitz. 2 decembre 1805, (François Gérard / 1770-1837)


El 2 de diciembre de 1804 Napoleón Bonaparte, “el pequeño corso”, se volvió el hombre más grande de Francia coronándose emperador en la catedral de Notre Dame. Un año después, este genio militar se encontraba al frente de sus tropas listo para confirmar su recién nombramiento colisionando contra dos grandes imperios de antaño: Rusia y el Sacro Imperio Romano Germánico. El hecho pasaría a la historia como “La batalla de Austerlitz”, mejor conocida como “La batalla de los tres Emperadores”.



El peligro inminente que la Francia napoleónica significaba para el orden europeo del siglo XIX, provocó una respuesta inmediata de sus enemigos bajo la forma de la “Tercera Coalición”, una que incluía a Gran Bretaña, el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio Ruso y los reinos de Nápoles y Suecia. De hecho, la primera gran amenaza por parte del joven emperador francés fue lo que toda Francia fortalecida hizo a lo largo de la historia, soñar con cruzar el Canal de la Mancha e invadir las islas británicas. No obstante, el idílico escenario napoleónico de un gran desembarco en costas inglesas se esfumó demasiado rápido debido a dos grandes derrotas navales, la batalla de Cabo Finisterre (julio de 1805) y la batalla de Trafalgar (octubre de 1805).



Ambas batallas dieron al Imperio Británico el dominio de los mares, por lo que Napoleón decidió que era momento más bien de concentrarse en consolidar su posición dentro del continente europeo. Por medio de una marcha forzada, las tropas francesas que soñaban con cruzar el Canal de la Mancha, se movieron de las costas del norte de Francia hasta el río Rin para adentrarse en tierras germanas y seguir allí a su querido emperador, quien en octubre de 1805 había consagrado a su Grande Armée con la conquista de Viena. Sin embargo, la noticia de aquel triunfo cimbró al zar de Rusia y éste fue prontamente con su ejército a encontrarse con las fuerzas sobrevivientes del emperador germánico Francisco II. Tres emperadores estaban listos para combatir en los Altos de Pratzen, cerca de la ciudad de Austerlitz.



El ejército combinado de austriacos y rusos superaban en número al de Napoleón, pero éste último supo cómo aprovechar la poca cohesión y la carencia de oficiales experimentados que sufrían sus enemigos, empezando por crear una falsa y paradójica imagen de debilidad. Antes de iniciar la batalla, mantuvo a algunos de sus hombres separados de la fuerza principal dando una apariencia de mayor desventaja y, aunado a ello, envió al general Savary a entregar un mensaje de paz al cuartel general de la coalición austro-rusa, cuyos comandantes, al interpretar esto como signo de debilidad, decidieron rechazar la oferta y lanzaron un ataque inmediato. El plan del emperador francés se desenvolvía como esperado.




La segunda parte del plan de Napoleón, después de jugar con la psicología de sus enemigos, consistió en atraer a las fuerzas opositoras a un campo de batalla favorable para los franceses, tal y como resultaba serlo los Altos de Pratzen, una zona rodeada de colinas y atravesada por estanques congelados gracias al invierno. Una vez demarcado el territorio para hacer la guerra, Napoleón lanzó un breve asalto seguido de una pronta retirada para así incitar a las tropas austro-rusas a perseguir a una pequeña porción de sus hombres, quienes estratégicamente cruzaron el hielo de los estanques y pusieron en marcha una trampa maestra diseñada por la inteligencia de Napoleón. Las fuerzas francesas cruzaron el suelo de hielo, y mientras sus oponentes se encontraban a la mitad del trayecto congelado, la artillería napoleónica abrió fuego y quebró el hielo, ocasionando que muchos soldados enemigos se ahogaran en las profundidades junto con sus cañones.


[Imagen 1] Batalla de Austerlitz por Thomas Campbell /

[Imagen 2] Situación de la batalla a las 09:00 de la mañana del 2 de diciembre de 1805.


La trampa mortal en la que cayeron austriacos y rusos debilitó el centro de su ejército, lo cual fue aprovechado por Napoleón quien, con sus tropas ocultas, sorprendió al enemigo rodeando su flanco izquierdo y dejando al derecho emprender la retirada. Aquel día la coalición del zar Alejandro I y el emperador Francisco II sufrió 15 mil bajas, frente a tan solo mil de un triunfante ejército napoleónico.



La batalla de Austerlitz significó un gran cambio en Europa, pues el centro del continente se reajustó por completo. Francisco II no solo se vio obligado a ceder territorios a Francia, sino que, a un año del enfrentamiento y tras casi mil de existencia, el Sacro Imperio Romano Germánico se disolvió para dar lugar a la Confederación del Rin, un grupo de Estados aliados de la familia Bonaparte. A su vez, la batalla impactó en la credibilidad del poderío ruso, dejando a Alejandro I con una importante crisis de imagen pública en el continente.



Por el contrario, la batalla ayudó a legitimar a Napoleón como emperador y otorgó a Francia casi una década de hegemonía. El hecho de que Napoleón venciera a dos grandes imperios, provocó que la noticia se expandiera sobre las mentes de los pueblos y las monarquías de Europa nutriendo la imagen del pequeño corso que logró transformarse en el gran y respetado conquistador. Un hombre cuya figura aún inspira admiración a todo aquel que tiene por alto el sentido del liderazgo y la tenacidad.



Y tú, ¿encuentras personajes que por sus virtudes despierten lo mejor en ti? ¿qué admiras de los demás?



 


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