Barrockeros – El pintor sombrío

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Bienvenido de nuevo. Si te gustó el artículo de «Pintores asesinos», abróchate el cinturón porque estás a punto de conocer a los pintores barrocos más pesados. Comencemos con el más perturbado…


La incredulidad de Santo Tomás - Caravaggio



Michelangelo Merisi Da Caravaggio, es reconocido como uno de los más grandes maestros del barroco italiano, un innovador que no dudaba en poner a prostitutas y borrachos como figuras bíblicas, y que más de una vez manchó su espada con la sangre de sus enemigos.



Nació en 1571 en el poblado del que tomó su apodo: Caravaggio, al este de Milán. Comenzó sus estudios de pintura como aprendiz en el taller de Simone Peterzano. De carácter violento y complicado, se cree que tras asesinar a un compañero de juegos tuvo que huir a Roma. Sin nada más que lo que traía puesto, entró a trabajar al taller de Giuseppe Cesari, pintor de cabecera del Papa Clemente VIII. La habilidad de Caravaggio para pintar flores y frutas lo hizo destacar, tanto que le comenzaron a llegar pedidos directamente. Cuando el cardenal Francesco María del Monte conoció su trabajo decidió encargarle decorar la capilla Contarelli de San Luis de los franceses. Su estilo dramático de pintura utilizaba el claroscuro como nunca nadie lo había hecho, haciendo aún más teatrales sus pinturas usando como modelos a reconocidos borrachos, trúhanes y gente de mal vivir.



A pesar de ser el pintor estrella de la contrarreforma, nunca pudo dejar de lado las tabernas, las peleas callejeras, los escándalos sexuales y la desmedida violencia de carácter. Constantemente sus mecenas tenían que interceder por él para sacarlo de prisión y pagar sus multas. Sin embargo, nadie lo pudo salvar del altercado que tuvo con un joven aristócrata llamado Ranunccio Tomassoni. Durante un partido de pallacorda (antecesor del tenis), no se sabe exactamente si por una mujer o una cuestión de honor, Caravaggio discutió con Tomassoni. El pintor derribó al joven y entre amenazas y risas desquiciadas trató de mutilarle el pene. El corte no fue preciso y, en lugar de castrarlo, le cortó una arteria causándole la muerte. El escándalo fue tal que el mismo Papa Pablo V, indignado, sentenció a Caravaggio a muerte.



Por segunda vez en su vida huyó de ciudad. Se instaló en Nápoles, en donde la paranoia comenzó a apoderarse de él. Decidió huir de nuevo, esta vez a la isla de Malta, en donde, en un intento de reivindicarse, fue nombrado caballero de la Orden de Malta. Este título no logró cambiar su carácter y terminó siendo expulsado de la orden y de la isla. Tuvo que volver a Nápoles, una ciudad que no lo aceptó del todo y en la cual le desfiguraron la cara durante una pelea de taberna. Dormía armado y constantemente peleaba creyendo que trataban de conspirar contra él.



Finalmente, su incomparable y creciente calidad pictórica le ganaron un indulto en 1610 para poder volver a Roma. Tras una escala en Sicilia, en el camino de vuelta, fue encarcelado por error y no pudo abordar el barco que debía llevarlo a Roma. Completamente devastado, al ser liberado decidió llegar a Roma por sus propios medios. Murió solo en el camino.



Este hombre violento y atormentado sentó las bases para el claroscuro más dramático: el tenebrismo. Un recurso que elevó sus pinturas a niveles dramáticos que conectaban invariablemente con quien las veía. No en balde fue reclutado por la contrarreforma para luchar con arte contra la ola que Lutero había iniciado al norte de Europa. Hoy en día sus pinturas siguen sacudiendo a quienes las ven con su calidad, su dramatismo, su carnalidad y la historia del hombre violento que pudo crear tanta belleza.



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Imagen 1: Crucifixión de San Pedro - Caravaggio/ Imagen 2: La vocación de San Mateo - Caravaggio


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