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El hombre que pintó tus emociones

Actualizado: 22 de ago de 2020

Autor: Guillermo Beguerisse Hormaechea


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Entra y toma asiento. Inhala profundamente y exhala. Ahora ve con detenimiento esta pintura y dime… ¿a qué suena?


Esta pintura llamada «Ocre y rojo sobre rojo» fue hecha en 1954 por Mark Rothko. Nacido en Letonia, entonces parte de Rusia, en 1913 Markus Rothkovitz huyó junto con su familia del antisemitismo, emigrando a Estados Unidos. Ahí estudió pintura en gran medida de forma autodidacta. Para la década del cincuenta, con el Expresionismo Abstracto establecido, inició la abstracción personal que desde entonces definiría su pintura y su ambiciosa utopía: expresar las emociones universales más básicas.



Rothko alguna vez declaró que se había hecho pintor porque quería elevar la pintura al nivel de intensidad de la música y la poesía. Siendo Mozart su compositor predilecto, en sus composiciones encontró los principios estilísticos y los medios para plasmar ideas que marcarían el desarrollo de su propio lenguaje pictórico.



La búsqueda de significado estaba en el centro del trabajo de Rothko. Lo que buscaba era expresar la condición humana hablándonos tan directo como fuera posible. Usando sus pinturas como escenario para las preocupaciones y el diálogo humano, se enfocaba en el drama en lugar de la narrativa, buscando implicar intrínsecamente la interacción con el espectador: «Dado que estoy involucrado con el elemento humano, quiero crear un estado de intimidad, un intercambio inmediato».



La música de Mozart corresponde a este pensamiento, a la intención de expresar con sencillez una idea compleja. Como maestro clásico, su música está compuesta por melodías sencillas y naturales, en claro contraste con las composiciones extendidas y contrapuntísticas del barroco. No obstante, la simpleza musical con la que compone contiene emociones fuertes y profundas que conectan directamente con quien le escucha atentamente. Mozart habla del drama humano retratando las preocupaciones existenciales fundamentales en su música.



El trabajo de ambos artistas es la personificación de la economía de recursos. Su idea no era contar una historia sino evocar un sentimiento. Ambos lo hacen sin adornos superfluos, con la libertad de resonar dentro de una estructura definida, sea esta una sonata o formas rectangulares. La transparencia, sello distintivo del lenguaje de Mozart, caracteriza también las obras de Rothko. Esa simplicidad en la superficie permite transmitir un mundo complejo, de infinitas lecturas hechas por aquellos que se enfrentan con atención a la obra de ambos artistas.



¿Qué te transmite a ti una obra cuando le dedicas el tiempo suficiente de reflexión? ¿En qué otros artistas encuentras similitudes al momento de transmitir un mensaje?

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