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Hijos dignos de la Révolution

Autor: Xavier Andraca Vilar


La historia de la música reconoce a Ludwig van Beethoven como uno de los músicos más talentosos y revolucionarios del mundo. Sus piezas musicales se caracterizan por sus tonos alegres, triunfantes e inspiradores. A más de una persona se le infla el pecho escuchando piezas como la novena sinfonía, específicamente en su cuarto movimiento o la genialidad de sus conciertos para piano.


Sin embargo, la mente humana se caracteriza por tratar de conocer las causas de eventos en la historia de la humanidad, por lo que hemos de preguntarnos: ¿Qué pudo haber detonado tanta creatividad y explosión musical en Beethoven? Mas allá del genio musical y de la creatividad artística, Beethoven vivió una de las épocas más interesantes y convulsas de Europa: la Revolución Francesa y la era Napoleónica.


La relación entre el contexto histórico de los grandes artistas con sus obras, muchas veces pasa desapercibida; sin embargo, para entender lo explosivas y esperanzadoras que son piezas como la Fantasía para Piano y Orquesta, la tercera sinfonía “Eroica” y el propio Concierto No. 5 para Piano “Emperador” de Beethoven, así como en general el resto de sus obras, hemos de entender la relación especial que el compositor alemán tenía con lo que Napoleón Bonaparte representaba, incluyendo su admiración por él.


Durante su infancia, Beethoven se desarrolló en la pequeña ciudad de Bonn, al occidente de Alemania y a las orillas del rio Rin, donde también tomó sus primeras clases musicales. En aquel entonces, la ciudad era la capital del Electorado de Colonia, un Estado independiente y soberano que, gracias a su ubicación geográfica dentro de lo que se convertiría más adelante en Alemania, era puerta abierta al paso de nuevas ideas, particularmente si éstas venían de Francia.


Con el estallido de la Revolución Francesa y la posterior expansión de ideas ilustradas al resto de Europa, Beethoven encontró en estos ideales razones por las cuales aspirar a un mundo mejor. Las ideas y valores de la revolución, plasmaron en el compositor una serie de principios que nutrieron su fe en la igualdad, la fraternidad y la libertad, entendiéndolos como elementos de unión entre los hombres; del mismo modo, la coyuntura histórica avivó su convicción en los valores del universalismo y de la república, incluyendo una comprensión de la vida como recorrido donde, a pesar de los obstáculos, todo culminará en la felicidad del individuo.


Beethoven encontró en Napoleón un paladín de estos ideales y siguió con mucho detenimiento sus éxitos en las campañas de Italia, de Egipto y contra las monarquías absolutistas de Europa. Más que un conquistador, Beethoven lo veía como una libertador. Por tanto, Beethoven quiso plasmar e inmortalizar este pensamiento y el ímpetu de su época en varias de sus obras características, en particular con una sinfonía y un concierto para piano que hacían oda directa a Bonaparte.


Al igual que Napoleón revolucionó la política en Europa, Beethoven logró cimbrar las bases de la música de su época con la introducción de la Tercera Sinfonía “Eroica”.


Acordes secos que hacen alusión a disparos de cañones en las campañas napoleónicas, seguido de una melodía noble y cálida por los violonchelos, para luego transformarse en trompetas y clarinetes en un crescendo de intensidad que estalla en toda majestuosidad con el resto de los instrumentos de la orquesta. Estos son tan solo los inicios del primer movimiento de la sinfonía que Beethoven originalmente había titulado “Sinfonía Napoleón”.


Pero la verdadera relevancia de esta pieza no viene sólo con los acordes, sino por el hecho de haber marcado un antes y un después en la historia de la música. Al igual que Napoleón, Beethoven rompe con el orden prescrito. La música se moverá en horizontes más amplios y se medirá la historia en otros términos, tomando a Napoleón y a los ideales revolucionarios como temas centrales de la obra. Tan sólo para entender el cisma hemos de observar que el primer movimiento de la Sinfonía No. 2 escrita un año antes medía 363 compases, mientras que el Allegro inicial de la tercera tiene 695.


A pesar del desencanto por parte de Beethoven hacia Napoleón una vez que éste se coronó como Emperador en 1804, el compositor alemán nunca dejó de ver esta pieza y el Concierto No. 5 para piano “Emperador” como odas a todo aquello que la Revolución Francesa representaba para él, con un héroe que se encargaría de esparcir los valores e ideales de la Revolución por el mundo y lograr la felicidad de los hombres. Sin embargo, es imposible no pensar en Napoleón Bonaparte cuando se les escucha, ¿o tú que opinas? ¿la música como arte puede hacer justicia y encarnar una serie de ideales?


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